Capítulo XXXI

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- ¿Y que sucedió después?

- Bueno, Peter logró averiguar a dónde habían llevado la información de la catacumba. Así que emprendimos un viaje para poder recuperarla. Ernest se oponía a que viajará solo con Peter, pero en su estado no podía acompañarme como siempre lo había hecho. Se suponía que el viaje sería de unos días, pero cuando logramos llegar al lugar en donde se supone que escondían la información todos habían desaparecido sin dejar rastro. Peter volvía a averiguar y al llegar volvía a suceder lo mismo una y otra vez. Nuestro viaje de días se convirtió en uno de meses...

Nuevamente habían llegado a un lugar vacío. Izan estaba comenzando a irritarse, pero Peter estaba que perdía la cabeza. Comenzaba a pensar que ofrecerse a ayudar a este chico no había sido una buena idea. No lo pensó bien en definitiva, pero sintió la necesidad de querer ayudarlo.

Había algo que lo hacía sentirse atraído a Izan. Sin embargo, los últimos meses habían sido los mejores de su vida. Estar al lado de Izan lo hacía sentir bien, feliz, completo. Sin embargo, había algo que lo hacía sentir mal y era el hecho que llevaba mintiendole a Izan por largo tiempo. El chico estaba comenzando a confiar en él y si decía la verdad podría perderlo. No estaba dispuesto a perder A Izan pues comenzaba a darse cuenta que se estaba enamorando de ese chico.

- MALDITA SEA. - dijo Peter exasperado.

- Peter, cálmate. - le dijo Izan tranquilo.

- ESTOY HARTO DE ESTO IZAN. LLEVAMOS MESES TRATANDO DE ENCONTRAR LO QUE SEA QUE TE ROBARON Y SIEMPRE VOLVEMOS A DONDE INICIAMOS. QUIZÁS NO DEBÍ OFRECERME A AYUDARTE.

Peter se dio cuenta de lo que había dicho. El rostro de Izan cambió por completo como si le hubieran robado toda su felicidad. Peter no era el único que había comenzado a sentirse diferente pues Izan comenzaba a ver a Peter de otra forma. Creía que Peter se sentía bien estando a su lado, pero ahora se daba cuenta que tal vez sólo lo veía como una especie de carga o de castigo.

- Yo no te pedí nada Peter. Eres libre de irte cuando quieras, no necesito de tu ayuda. - Izan comenzó a adentrarse más en la vieja bodega en la que estaban.

- Izan, espera...

- Vete, solo déjame.

El chico se marchó y dejó a Peter solo en la entrada. El alfa estaba molesto, no porque no encontrara nada, sino por lo idiota que había sido. Quería acercarse a  Izan y solo había logrado que se alejara de él.

- SOY UN IDIOTA. - dijo mientras golpeaba uno de los muros del lugar. - Porque no sólo puedo decirte la verdad de una vez por todas.

Peter comenzó a llorar y ni siquiera comprendía porqué. Jamás se había sentido de esa forma con alguien y ahora sólo podía pensar en encontrar una manera para que Izan pudiera perdonarlo. Quizás si era momento de hablar con sinceridad. Se decidió a decirle la verdad a Izan finalmente.

- PETER. - el grito de Izan le llamó la atención.

Sus latidos comenzaron a aumentar pues detectaba el peligro que estaba cerca. Corrió por todas partes tratando de encontrar a Izan, pero no lograba dar con su paradero.

- PETER. - los gritos de Izan se hacían cada vez más desesperados hasta que dejaron de oírse.

El alfa se dio cuenta que algo malo debió haber sucedido. Corrió aún más rápido y finalmente logró a encontrar a Izan. El chico estaba en el suelo mientras un beta extraño sacaba sus garras de su abdomen. Peter no logró controlar su furia y se lanzó al ataque contra aquel que se atrevió a lastimar a la persona que amaba.

Un príncipe peligroso II: DylanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora