Capitulo XXXIX

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Todo había sido preparado para la batalla final. Los elfos habían vuelto a colocarse sus antiguas armaduras y habían preparado todas sus armas. Los aliados y el clan también se habían preparado pues de esta batalla dependería no solo su futuro sino el del resto del planeta al que llamaban hogar.

Los herreros de los elfos habían vuelto a crear dos espadas con las sabias del árbol de la vida y del nemeton. Sin embargo, aún no estaban listas para poder enfrentar al poder de la oscuridad.

El antiguo ritual aún debía llevarse a cabo según las palabras de Izan. Debían tenés mucho cuidado y hacerlo lo antes posible pues aquellos que dieran parte de su energía vital a las espadas quedarían débiles por un buen tiempo. Estes, por ser el rey de los elfos y descendiente de la diosa, tendría que ser parte de los elegidos al igual que lo fue Florin. Izan, al igual que en el pasado, debería volver a participar, pero faltaba su hermana. Dylan debería ser el remplazo de Oleana en esta ocasión pues ambos tenían el mismo poder.

Stiles, Derek, la manada y los lideres del clan los acompañarían en la sala de creación para evitar cualquier accidente y protegerlos si fuera necesario. Las puertas fueron cerradas con guardias en el exterior y el resto de los aliados no podían hacer nada más que esperar a que todo resultará cómo había sido planeado.

Dylan estaba en una habitación esperando a que llegara el momento de comenzar el ritual. Mentiría si dijera que no estaba nervioso pues si hacía algo malo todo podría arruinarse. No había espacio para cometer errores.

- Tranquilo Dylan, sé que lo harás bien, como siempre. - le dijo Elliot tratando de calmar a su chico.

- Estoy aterrado Elliot. Si arruino esto no habrá oportunidad de volver a intentarlo, nuestro tiempo está contado. Además hay algo que no me deja en paz desde hace unos momentos. Es como si algo me advirtiera que algo muy malo está por pasar, pero cada vez que creo saber que es vuelvo a comenzar desde cero.

- Bueno, no pienses en eso y ya, asunto resuelto.

- Elliot.- respondió Dylan de mal humor.

- Bueno, bueno, solo quería bromear contigo. Ven aquí.- dijo extendiendo sus brazos.

Dylan no dudo en acercarse y acurrucarse en su pecho. Elliot era unos centímetros más alto que él así que encajaban perfectamente. Mientras Dylan escuchaba el latido del corazón de su amado, él acariciaba su cabeza y le dejaba algunos besos.

- Vas a lograr esto y mucho más Dylan. Desde el día que te vi en aquel bosque intentando controlar tu poder supe que estabas destinado para cosas muy grandes. No hay otra persona en la que confíe más que en ti. - tomó el rostro de Dylan y le depositó un beso en los labios. - Vamos a salvar el mundo, quieres.

- Vamos.

Dylan amaba la forma en la que Elliot podía hacerlo sentir mejor. Su cariño era como una suave caricia que podía devolverle toda la confianza que necesitaba.

Todos lo esperaban en el salón de la creación. Izan y Estes estaban alrededor de las espadas que estaban en un altar debajo de un agujero en la cúpula de la sala permitiendo entrar la luz de la luna.

- Es hora Dylan.- le dijo Izan.

Vio de nuevo a Eliot quien le dio una enorme sonrisa. Es todo lo que necesitaba.

Estes les explico lo que debían hacer para lograr infundir sus poderes en las espadas. Los tres se concentraron cerrando sus ojos y de pronto una luz blanca, una ámbar y una azul salieron de ellos. Comenzaron a elevarse del sueño y seguidamente las luces se fundieron en una sola comenzando a llenar a las espadas.  Finalmente, las armas contra la oscuridad estaban listas.

Un príncipe peligroso II: DylanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora