"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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Peter Quill se encontraba en su habitación. Sentado en su cama con su laptop en el regazo. Ésta mostraba un documento abierto que abarcaba gran parte de la pantalla, pero también se podía observar algunas ventanas más pequeñas que mostraban más archivos y aplicaciones. Su padre le había pedido que descargara algunos archivos e imágenes importantes en una memoria USB. Todo lo que se descargaba en ese momento era relacionado a una sola cosa: perfiles y currículos de muchas personas que viajaron a... ese lugar... Entre ellos, los perfiles de sus amigos.
Dio un salto en la cama a la vez que soltaba una maldición. La descarga, por quinta vez consecutiva, había sufrido un problema a pocos segundos de completarse, provocando que todo el progreso se perdiera. Cerró la laptop con brusquedad y la dejó sobre el buró, habiéndole espacio entre la lámpara de lectura y el despertador, casi provocando que el aparato fuera a estamparse contra el suelo por lo descuidado que fue. Se recostó en el colchón y tomó su celular con sus audífonos. Se los colocó y cerró los ojos.
Se preguntó: ¿qué estarían haciendo sus amigos? Ya hacía más de un año que éstos se habían marchado al "Mundo que salvará a la humanidad". O al menos así lo llamaba su padre. Los extrañaba muchísimo, cada día y cada minuto. Algunas ocasiones se ponía a imaginar cómo sería su vida en esos momentos si hubiera partido con ellos. Tal vez sería más increíble.
En los audífonos se escuchaba AC/DC. Tony, su mejor amigo y hermano de la infancia, es un admirador compulsivo de esa vieja banda musical, por lo que terminó por contagiarle sus gustos musicales a él. Y mientras la música a volumen alto taladraba en su oídos, comenzó a recordar cómo fue aquel día en que se despidió de sus amigos. Fue un día bastante triste, pero sabía que la decisión que ellos habían tomado era la correcta, o eso quería creer.
Después de un rato recordando, se quedó dormido sin siquiera notarlo.
***
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Un año y algunos meses atrás.
—No te creo —dijo Natasha mientras miraba a Peter con cara de asombro—. ¡¿Es en serio?!
—Así es. Mi padre dice que el proyecto está terminado —habló con orgullo el rubio menos esbelto de los dos, porque Steve (el otro rubio del grupo) le ganaba en altura y musculatura. Sólo un poco.