"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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Debajo de ellos se encontraba el Páramo, el Nuevo Mundo. Era un lugar increíble, lleno de árboles, montañas, lagos, acantilados, mares y todo lo que uno pueda imaginar. Era como la Tierra, claro que más pequeño, pero lleno de vida. Y bueno, tampoco es que sea un lugar extremadamente pequeño. Todo lo contrario. Se necesitarían días enteros sin interrupciones, y a pie, para recorrerlo de extremo a extremo.
El grupo de amigos, casi completo, caían a una velocidad de vértigo desde el cielo. La tortura no duró mucho; pasaron unos cuantos segundos antes de que se estrellaran contra el suelo.
—Qué linda forma de ser recibidos —se quejó Bucky, despegando su rostro del pavimento—. ¿Aún están vivos?
Natasha, Steve y Bucky se incorporaron del suelo un tanto desorientados.
—¡Ja! Justo como dijo Hugo: ni un rasguño —dijo Natasha a modo de respuesta al cuestionamiento de Bucky.
—¿Cómo es posible? —preguntó Steve inquietado—. Una caída así nos debió haber matado con total seguridad.
—Eso en el Mundo Real. Aquí no —contestó la pelirroja como si fuera lo más normal de la vida el caer de una altura asombrosa y no sufrir ningún rasguño. Limpió el polvo de su ropa con pequeñas sacudidas antes de preguntar—: ¿En dónde está Tony?
—Allá —contestó Bucky al tiempo que observaba hacia arriba y apuntaba con su dedo a algo.
Los otros dos ni tiempo de reaccionar tuvieron cuando escucharon el grito del castaño y, acto seguido, lo vieron estrellarse de cara contra el pavimento. Tras un momento de estupefacción, Steve corrió al auxilio del recién llegado.
—¡Tony! ¡¿Estás bien?!
El rubio se hincó en el suelo y colocó una mano en el hombro de Tony. Éste se quejó y despegó la cara del concreto.
—Agh... Hugo debería diseñar una forma no tan salvaje de llegar al Páramo.
Steve sonrió y sonrojó un poco. Le tendió una mano a Tony para ayudarlo a levantarse. El castaño aceptó la ayuda.
—Eh...
—Al momento de cruzar al Páramo nuestros componentes físicos se ven alterados —explica Tony al cuestionamiento no formulado del rubio—, es por eso que la caída no nos mató. Hugo no es estúpido. Sin embargo, este estado "inmune" no es para siempre. En unos minutos volveremos a ser igual de mortales que siempre.
Se sacudió el polvo y acomodó sus prendas. Steve se mordió el labio y desvió la vista. Los otros dos se acercaron a donde ellos.
—¿En dónde estamos? —preguntó Natasha.
—En Mean Street —contestó Tony—. Conozco cada rincón del Páramo. Supongo que por eso me nombraron el líder.
»Esta es la calle principal, la que conecta con cada área del Páramo.