"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ambos se encontraban sentados bajo la sombra de un árbol en el parque de OsTown. El rubio se encontraba extremadamente nervioso y algo incómodo. Y es que Sharon, a su lado, había disminuido la distancia entre ambos.
Steve no pudo evitar exaltarse cuando la rubia apoyó su cabeza en su hombro. Habían pasado unos días desde que ambos se hicieron "novios" y habían salido unas cuantas veces a caminar o comer algo. Pero, aun así, al rubio le incomodaba y avergonzaba bastante toda esa situación.
—¿Sabes? —comenzó la rubia—. Aunque nos conocemos hace poco, disfruto mucho de tu compañía.
Esa oración sólo provocó que los nervios de Steve aumentaran. ¿Cómo es posible que aquella mujer en verdad estuviera desarrollando algo por él en tan poco tiempo? No supo cómo reaccionar ante eso. Sólo emitió una sonrisa forzada, casi una mueca. Y eso no pasó desapercibido por Sharon.
—¿Ocurre algo? —preguntó mientras se incorporaba un poco para mirarlo a los ojos.
—No —contestó ampliando su "sonrisa".
Sharon lo observó no muy convencida. La mirada del rubio emanaba cierta preocupación.
Y sí, Steve no sólo estaba nervioso e incómodo, también estaba preocupado. Y ¿cómo no estarlo? Se encontraba sumergido en una mentira con Sharon. Una mentira que no sabía cómo deshacer sin que ella saliera lastimada.
Sin que se diera cuenta, o tal vez sí, estaba provocando en aquella mujer lo mismo que Paloma provocó en él hacía unos años. No quería. No quería lastimar a Sharon, pero ¿qué podía hacer? Él estaba enamorado de otra persona. Sí, enamorado.
Desde que conoció de verdad a Tony en aquella competencia escolar, no había hecho nada más que comenzar a desarrollar sentimientos por él durante todos los días hasta enamorarse. Un amor sincero y profundo. Tony causaba cosas en él que no podía explicar. Y aunque al principio se recriminaba por sentir atracción hacia un hombre, lo terminó reconociendo y aceptando. Así que, sí. Estaba enamorado de Tony. Babeaba por Tony. Se masturbaba pensando en Tony. Incluso llegó a dibujar su retrato algunas ocasiones.
Todo en su mente era Tony, Tony, Tony y más TONY.
—Oye. —La voz de Sharon lo sacó de sus pensamientos—. Estaba pensando que tú y yo podríamos ir a otro lugar. —Eso lo dijo con una sonrisa pícara y acariciando levemente y con un dedo la piel del pecho de Steve que quedaba expuesta debido a que la camisa que llevaba el rubio no estaba abotonada del todo.
Steve la miró y sonrió inconscientemente, pero, esta vez, fue una sonrisa auténtica. Sabía perfectamente a qué se refería Sharon. También sabía que era una mala idea. Más bien, una terrible idea. Pero ¿para qué negarse? Sharon era una mujer hermosa, no cabía duda alguna al respecto. Y sí, Steve era bastante tímido en algunas ocasiones, pero eso no significaba que fuera un virgen.