"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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La luz del sol se filtraba por las cortinas de la venta de la cocina. Su abuela se encontraba cocinando el desayuno cuando él entró. Se sentó en uno de los bancos de la isla y colocó sus codos en ésta, recargando sus mejillas en las palmas de sus manos. Soltó un suspiro en el momento que su abuela puso un plato con huevos revueltos frente a él.
—Deja de recriminarte por lo ocurrido —le dijo la mujer mayor—. Tú sólo extrañabas a tus amigos; no sabías lo que iba a ocurrir.
Peter no contestó. Volvió a suspirar y tomó un poco de huevo con su tenedor. Puede que él no supiera que aquello iba a pasar, pero sí sabía que tenía prohibido entrar al sótano y, aun sabiéndolo, desobedeció y ahí estaban las consecuencias. Ahora, por su culpa, su padre se encontraba en prisión, sus amigos perdidos en un lugar devastado y se había ganado el odio y desprecio de los padres de éstos y de muchas personas más.
Su padre había dejado bajo llave el acceso al sótano. El científico aún tenía la esperanza de poder hacer algo para corregir lo ocurrido. Claro que, desde prisión, no es que pudiera hacer mucho.
Terminó de desayunar y subió a su habitación. Se acercó a la ventana y la abrió. El viento era agradable y le llegó un olor peculiar que le recordó a sus primeras vacaciones de verano que pasó al lado del Equipo Orden.
***
El primer año de preparatoria había concluido. Las vacaciones de verano habían llegado, y el Equipo Orden se encontraban en la playa, disfrutando del sol y del mar. Peter se encontraba semiacostado en un camastro, con sólo un short rojo cubriendo su intimidad. A su lado se encontraba Tony, igualmente en un camastro y con un short color vino un tanto ajustado que denotaba un bulto entre las piernas.
A unos metros de ellos dos se encontraba Steve, acostado sobre una toalla en la arena, con unos lentes de sol y un short azul marino. Se había robado las miradas de algunas cuantas chicas que se perdían, al pasar, en los pectorales y abdominales bien marcados y trabajados del rubio.
Cerca de este último, Natasha, vestida igual de provocativa que el resto de sus amigos, dejando mucha carne visible y resaltando su belleza femenina, se dedicaba a enterrar a Bucky en la arena mientras éste se dejaba hacer sin protestar.
—Esto es vida —le había dicho Peter a su amigo en su costado—. Sin escuela, sin tareas, sin padres que te digan qué hacer o qué no hacer.
Tony rio. Habían ido a ese lugar sólo los cinco. Les había costado muchos intentos y quehaceres poder convencer a sus padres de darles permiso para viajar ellos solos, pero había valido cada segundo de esfuerzo por la recompensa que ahora tenían y estaban disfrutando.
Viajaron los cinco en el auto de Hugo: los dos mejores amigos en los asientos de enfrente, mientras que los otros tres se apretujaban en los de atrás. Hubo cervezas, acelerones por parte del conductor, karaoke grupal a todo pulmón, una parada a medio camino por problemas con una llanta y alguna que otra bromita pesada con respecto a Natasha, la única chica en el grupo. Sí, el viaje desde la capital del país hasta Acapulco no había sido para nada un calvario.