"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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Sharon despertó con una fuerte jaqueca. Se encontraba sola en su departamento, sentada en el piso de su sala. La televisión estaba encendida y sólo se mostraba una pantalla con estática. La habitación estaba en penumbras, sólo siendo iluminada por la luz que emanaba del dispositivo encendido.
Se incorporó y se acercó al dispositivo; el ruido y la luz la estaban molestando. Presionó el botón de apagado, pero la televisión permaneció encendida. Con el ceño fruncido, lo intentó de nuevo. Nada. Sin saber muy bien qué estaba pasando, se acercó al enchufe y lo desconectó. Nada aún. La luz y el insoportable ruido aún estaban presentes.
—¿Pero qué mierda? —preguntó para sí. Estaba demasiado confundida.
Se posicionó en frente de la pantalla y dio leves golpes al dispositivo. La estática comenzó a cesar y algunos ruidos ininteligibles salieron de las bocinas. Dio un respingo cuando la televisión se apagó de golpe. Suspiró. Dio media vuelta y se sentó en el sillón. Encendió la lamparita que tenía a un lado, tomó un libro que tenía a medias y se acomodó para leer un poco.
Pero la tranquilidad no duró por mucho. De las bocinas de la televisión salió una voz femenina.
—¿Ho-hol...? ¿Al... uien pue-d... oi... nos? —La voz se escuchó entrecortada. La pantalla se mantenía en negro.
Sharon levantó la vista del libro y la posicionó en la televisión.
—¡¿Hay alguie... ahí?!
La pantalla se encendió. En ella se mostró a una reportera: llevaba el pelo sucio, la cara llena de tierra y algunas marcas de sangre. Detrás de ella se observaba caos, destrucción, edificios en llamas y muchos escombros, así como gente gritando con desesperación.
—¿Alguien puede escucharnos? —preguntó la reportera a la cámara, se notaba su terror y desesperación—. Estamos transmitiendo en vivo desde Mean Street, donde miles de bestias mecánicas han llegado y están destruyendo todo y a todos.
La cámara se alejó de la reportera y enfocó el caos que estaba sucediendo en la calle principal. Las personas corrían, gritaban y suplicaban por ayuda. "¡¿Qué está pasando?!", "¡Ayuda!", "¡Por favor, no encuentro a mi hijo!"; esos eran gritos de terror que podían escucharse de algunas personas en la fuerte escena.
—Estamos tratando de comunicarnos con el Mundo Real —La cámara volvió a enfocar a la reportera—. ¿Alguien puede escucharnos? ¡Envíen refuerzos! ¡Nos están matando!
Una vez más, la cámara enfocó los sucesos que estaban ocurriendo. Se observó cómo enormes filas de bestias mecánicas corrían por la calle, destruyendo todo a su paso y asesinando a sangre fría a cualquiera que se les cruzara por enfrente.
—¡Por favor, ayúdennos! —suplicó la reportera.
En ese instante, una de las bestias se mostró en pantalla. Le propició un fuerte golpe en la cabeza a la pobre mujer que rogaba desesperadamente. La sangre brotó y se escuchó el crujido de los huesos del cráneo al romperse. La pantalla se apagó de golpe.