"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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La habitación estaba casi en penumbras, sólo la iluminaba algunos (bastantes, en realidad) monitores que, al parecer, mostraban ubicaciones estratégicas de la Montaña Basura. Cámaras de vigilancia, para más sencillo. Estaban apilados uno contra otro, sobre una superficie resistente de metal, casi tapizando una pared entera. ¿Quién querría vigilar la montaña? ¿Será para evitar a cualquier intruso?
De cualquier forma, a quien quiera que estuviera tras esos monitores no le había preocupado en lo absoluto la presencia de Peter y los demás en la montaña, o tal vez ni siquiera la notó. Puede que Loki haya sido mandado por la persona al mando para obligarlos a abandonar la montaña. ¿Por qué? ¿Acaso hay algo que esconder? ¿Algo que proteger? Posiblemente el encargado de observar los monitores tenía que mantener en secreto esta especie de fuerte en el que se encontraban, resguardado del resto de personas. Pero eso no disminuía las preguntas, al contrario, las aumentaba: ¿Por qué mantener el fuerte en secreto y en un lugar tan inhóspito?
Los monitores no era lo único que iluminaba la habitación: también había un enorme ventanal en lo alto por el que se filtraba algo de luz natural, la que quedaba después del Desastre del Disolvente. A través de dicho ventanal se podía contemplar, con total claridad, un enorme objeto bastante curioso, uno que se encontraba en la cima de la montaña. No había que ser un científico para deducir qué objeto era ese. Era nada más y nada menos que la botella de Disolvente, esa que emergió de aquel agujero negro e inundó al Páramo con mares de ácido. Se encontraba ahí, yaciendo en la cima de la montaña, pero había algo curioso en ella: el corcho estaba en la boquilla, y era curioso puesto que no debería estar ahí. Pero no era lo único curioso en aquel objeto, sino que también se podían contemplar unos rayos y nubes moradas en su interior, claramente visibles a través del vidrio verde de las paredes de la botella. Era como si una tormenta estuviera ocurriendo en su interior.
Al parecer, quien estuviera vigilando los monitores también quería vigilar a esa botella que provocó desgracias y arrebató vidas. Pero no quería vigilar dicho objeto a través del lente de una cámara de vigilancia: quería hacerlo en vivo y en directo, si es que se le puede decir así.
La habitación también tenía alguna que otra cosa curiosa. Para destacar algunas: había unas cuantas fotografías enmarcadas, las cueles mostraban algunos recuerdos capturados en el tiempo de cierto grupo de amigos. Una que llamó su atención había sido tomada hace más de diez años, en un enorme comedor mientras los chicos se abrazaban por algo que ya no recordaban. También había un peluche moderadamente grande y de color verde que estaba protegido por una vitrina de vidrio. Y claro, cómo olvidar aquella silla con respaldo alto situada justo enfrente de los monitores, de esas con rueditas en las patas.
—¿Tony, eres tú? —preguntó Natasha con la voz quebrada y queda.
No hubo respuesta alguna. Peter y Bucky se limitaron a observar dicha silla de la cual un poco de cabello castaño sobresalía por encima del respaldo. En ese momento, la silla giró a su dirección y mostró a un hombre extremadamente apuesto, de unos 29 años. El hombre se encontraba con los brazos cruzados, y sólo se limitó a observar a los tres presentes con cara de pocos amigos.