Isla Calavera

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Lo primero que se  encontraron fueron unas grandes escaleras

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Lo primero que se encontraron fueron unas grandes escaleras. Con pasos tímidos, comenzaron a descender hasta llegar al final. Se vieron de frente a un canal rodeado de algunas casas y edificios de Tortuga. Era denominado: El Viaje Pirata.

Llegar a Isla Calavera no era tan complicado: sólo se debe abordar un bote que viaje a través del canal hasta llegar al final de éste y terminar en mar abierto. Una vez ahí, es necesario navegar un poco hasta vislumbrar a los lejos el cráneo humano y rocoso que se alza en la superficie del mar.

Como El Impredecible, Thor, lo mencionó, para alcanzar a Cráneo Rojo era necesario abordar la embarcación de Arnim Zola. Los pequeños botes del canal no aguantarían las fuertes olas del mar hasta llegar al Jolly Roger. Sin contar con la infinidad de islas mucho más pequeñas y peligrosas que representan una amenaza para dichos botes.

Temblorosos y en guardia en todo momento, se acercaron a la orilla del canal de Disolvente. Se montaron uno de los botos y zarparon. Para su sorpresa, las casas alrededor del canal estaban envueltas en llamas; no durarían mucho tiempo de pie. La razón del porqué el lugar ardía era todo un misterio.

—Este canal era uno de mis lugares favoritos de Tortuga —comentó Bucky con melancolía.

—Aquí vivimos muchos momentos hermosos —se unió Natasha—. ¿Recuerdas?

—Por supuesto. —Bucky rodeó su cuello con su brazo y la acercó a él.

—Chicos... —los llamó Peter. Se ganó la atención de sus tres amigos—. Tal vez no quieran hablar sobre eso, pero... me gustaría saber cómo era su vida en este lugar... antes de que el desastre ocurriera.

Los demás compartieron algunas miradas entre ellos. Suspiraron con pesadez después. Era un tema complicado de tratar. El recordar los hermosos días que vivieron en el Páramo era duro y más sabiendo que dichos días nunca se repetirían, que la alegría jamás regresaría a sus vidas.

Fue Natasha la que tomó la palabra:

—Los cuatro vivíamos aventuras inigualables, llenas de felicidad y alegría. El Páramo nos regaló muchas de nuestras mejores experiencias de nuestras vidas. Muchas veces las vivíamos los cuatro; otras tantas sólo con aquella persona especial, como yo con James, o Tony con Steve...

—Espera —interrumpió Peter, boquiabierto. Mira a Tony—. ¿Steve se te declaró?

—Así es —contestó el castaño.

—Vaya. Pensé que nunca aceptaría lo obvio.

—¡¿Disculpa?! —exclamó Natasha—. ¡¿Tú también lo sabías?! ¡¿No era la única que se había dado cuenta?!

—Por supuesto que lo sabía —contestó Peter con arrogancia y una sonrisita pícara—. Si el güero no sabía disimular ni un poco: se devoraba a Tony con la mirada.

Mi Amanecer (Stony - Winterwidow)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora