"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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«¡Sin gorrito no hay fiesta!»
Ambos se giraron y les dedicaron una mirado asesina a los otros dos, casi podían apuñalarlos con tan sólo verlos.
—Qué hijos de puta son los dos —farfulló Natasha. Bucky rio—. Son el uno para el otro.
—Natasha...
—Ya, me callo.
El castaño rodeó la cintura de la más baja. Natasha apoyó su cabeza en el hombro contrario y, así, los dos salieron de Ventureland.
Llegaron a Ostown. Ahí, Bucky cubrió los ojos de Natasha con una bufanda que llevaba a escondidas de la otra. La pelirroja sintió las manos de su novio tomar sus hombros, dirigiéndola a través de las calles del poblado. Llegaron a la casa de Bucky, claro que Natasha no lo sabía. Entraron y el alto guio a su novia por la sala hasta llegar a las escaleras, la levantó en brazos y la llevó a la habitación principal. Natasha rio y se dejó llevar entre los brazos de su novio.
Una vez en la habitación, Bucky dejó a la más baja sobre el suelo lentamente. Se puso detrás de ella, apoyó el mentón en el hombro ajeno y tomó con sus manos la cintura de su acompañante.
—Quítate la bufanda —le susurró al oído y beso por debajo de su lóbulo.
Natasha sonrió y retiró la barrera de sus ojos con lentitud. Tardó unos segundos en asimilar lo que tenía enfrente. La cama estaba cubierta de pétalos de rosas y unas veladoras iluminaban la habitación desde las mesitas de noche. Sobre la cama, también, reposaba una botella de vino y dos copas de vidrio, así como un racimo de uvas, todo sobre una bandeja de metal.
—Eres un cursi... y un idiota —dijo Natasha, pero no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.
Bucky puso ojos de cachorro y un puchero.
—Pero así me quieres, ¿verdad?
—No, no te quiero. Te amo
Bucky sonrió. Giró a Natasha y acunó su rostro con sus manos para, después, besarla. La pelirroja correspondió el beso, uno dulce y tierno, un simple roce de sus labios.
Rodeó el cuello del contrario con sus brazos para profundizar el contacto. Sus labios se separaron lentamente, dejando acceso total al roce de sus dientes y leguas.
Caminaron lentamente hacia la cama sin romper el beso. El calor comenzó a invadirlos, al igual que la excitación. Bucky alcanzó la botella de vino y apartó todo lo demás para dejar la cama libre. Ambos subieron a ella, Natasha quedando debajo de Bucky, quien apoyó los antebrazos en el colchón para no dejar caer todo su peso sobre su novia. Natasha dirigió una de sus manos a la cabellera castaña del alto mientras que, con la otra, exploraba la espalda del mismo.
Fue Bucky quien rompió el beso. Sus labios cambiaron de objetivo: se dirigieron al cuello contrario y lo besó tranquilamente. Natasha se aferró a la espalda del castaño, movió la cabeza a un lado para dar más libertad a esos labios traviesos que besaban su cuello al tiempo que soltaba algunos suspiros de placer.