Sólo tuyo

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Un mes después

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Un mes después.


El hombre se había encargado de convertir el sótano de la mansión en su nuevo laboratorio. El lugar estaba lleno de aparatos y mecanismos de todo tipo, pero lo que más resaltaba de todo eran tres máquinas en particular. Las mencionadas estaban incrustadas en las paredes, separadas unas de las otras. Lo único visible de ellas era unas puertas mecánicas que se abrían como si se tratara de una boca, además de un foco de color rojo situado en el centro de la puerta de arriba.

—¿Estás seguro de que esto es una buena idea? —le preguntó la mujer.

—Por supuesto —afirmó el hombre.

La mujer suspiró.

—¿Por qué haces esto? ¿Aún piensas en él?

El hombre se petrificó de inmediato. Sí, lo hacía. Pensaba en esa persona todo el tiempo, pero por motivos muy distintos a los que ella imaginaba. Quería venganza. Venganza por lo que hizo.

Aunque, por alguna razón, cuando estaba con la mujer esa persona desaparecía de sus pensamientos. Aquella mujer era como un remedio para él y para su mente. Lo que siente o sentía por esa persona fueron sentimientos vagos, momentáneos. La mujer que tenía enfrente le provocaba sentimientos más intensos. Sentimientos que nunca había sentido por nadie. Tal vez había confundido atracción sexual con amor.

Pero, aun así, quería venganza.

—No lo hago en la forma que tú crees —respondió—. Sólo quiero vengarme. ¿Acaso tú no quieres vengarte? Recuerda lo que te hizo ese tipo: te usó de tapadera. Fuiste su marioneta. Es tu oportunidad de hacerles saber que contigo no se juega.

La mujer lo miró con ojo analítico. Para ella todo eso era una locura. Y, aunque lo negara en su momento, aunque actuara como si no le hubiera dolido, la verdad era muy distinta. Por supuesto que le había dolido y mucho. El hecho de que la usaran le dolió y la hizo enojar, porque, aunque ahora se arrepentía, ella sí llegó a sentir algo por el tipo que la lastimó. Amor, cariño, deseo o cualquier cosa, pero algo al final de cuentas.

El hombre se acercó a ella y le depositó un beso lento en sus labios.

—Tranquila, linda —le dijo al tiempo que se acercaba a un panel lleno de botones—. Esto será el inició de una revolución.

Presionó un botón. Los focos rojos de las máquinas se iluminaron en medio de la oscuridad del lugar.

 Los focos rojos de las máquinas se iluminaron en medio de la oscuridad del lugar

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Mi Amanecer (Stony - Winterwidow)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora