"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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Al día siguiente, por la mañana, Bucky arrastró a Natasha fuera de su casa. Estaba demasiado entusiasmado con la idea de ser padre y formar una familia junto a su Senpai. Corrió, sujetando con fuerza la muñeca de su novia, hasta llegar al centro comercial en Mean Street.
—¿A qué venimos aquí? —preguntó Natasha cuando las puertas de cristal se abrieron frente a ellos.
—Tenemos que comprar muchas cosas para nuestro hijo —contestó Bucky alegre—. ¿Crees que sea niño? Tal vez sea niña.
—Pero, amor, aún falta demasiado para que nuestro bebé nazca —dijo Natasha con una sonrisa divertida—. Y me gustaría que fuera una niña.
—Creo que a mí también —admitió. Rodeó los hombros de su novia—. Y que se parezca a ti.
Natasha rio.
Caminaron un poco por el centro comercial antes de entrar a la primera tienda: una de ropita de bebés. Natasha observó cómo su novio tomaba los mamelucos y se aseguraba de que la tela fuera de buena calidad.
—Podría ser de color amarillo —dijo Bucky, refiriéndose a las prendas—. Es un color neutro. Así no tendremos complicaciones con el tema de los colores y el sexo del bebé.
—Compra del color que sea —respondió Natasha burlona—. ¿Qué más da el color?
—Tienes razón.
Al final, se decidieron por un mameluco con diseño de Stitch. Compraron pequeños calcetines, zapatitos, playeritas y demás cosas para bebés. Al terminar todo lo requerido en esa tienda, Bucky pagó con una enorme sonrisa que se le fue contagiada al cajero, quien les deseó felicidades.
Salieron de ahí y entraron a una nueva tienda en la que comprarían los biberones y demás accesorios. Natasha se sorprendió cuando el moreno se negó a comprar una cuna.
—Yo puedo construirla con mis propias manos —habló Bucky con seguridad y orgullo—. Y quedará mucho mejor que todas las de este lugar —añadió despectivo.
Natasha rio por lo bajo. Estaba segura de que terminarían comprando la cuna tarde o temprano, pero no dijo nada para no arruinar la ilusión de su novio.
—Por cierto —llamó Natasha cuando salieron de la tienda después de haber pagado—, estamos a pocos días del aniversario del Páramo. ¿Quieres que compremos algunos regalos para Tony y Steve? O podríamos preparar una cena o algo así.
—No me disgusta la idea —contestó Bucky—. Pero no sé si Tony ya tenga cubierto eso de la cena. Deja le marco. —Sacó su celular y buscó el contacto del castaño.
Después de tres tonos, la llamada fue atendida.
—¿Bu-bueno? —preguntó Tony con la voz agitada del otro lado de la línea.
—Hola, Tony. Oye, nos preguntábamos si te gustaría que hiciéramos algo de cenar para el aniversario. Bueno, si es que no has planeado algo tú.