"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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Steve despertó por culpa de la luz del día que se filtraba por las cortinas y le pegaba en la cara. En el otro extremo de la cama, a unos pocos centímetros justo enfrente de él, se encontraba Tony todavía dormido. Le daba la espalda. Aún con las sábanas cubriéndolos a ambos, pudo no sólo notar que una de sus manos se encontraba peligrosamente cerca del trasero del castaño, sino que, también, tenía una erección algo dolorosa y que se notaba a simple vista. Nada fuera de lo común para un hombre despertar con una erección, pero si estabas en compañía de tu amigo con dicha prominente erección y ambos en la misma cama, pues puede dar lugar a malos entendidos.
No lo iba a negar: había tenido un exquisito sueño húmedo con el chico que tenía a un lado. Los detalles están de más si se tenía en cuenta a su pene más que duro entre sus prendas. Afortunadamente, lo único mojado eran sus calzones y un poco sus pantalones; ninguna evidencia sobre las sábanas o el colchón.
Tony estaba dormido. Roncaba ligeramente, su pecho ensanchándose y luego regresando a su tamaño normal, sus cabellos revueltos sobre la almohada. Y él sabía que lo que estaba pensando estaba mal, pero quería hacerlo. Mierda, no podía evitarlo. Tony le gustaba muchísimo y ya ni hablar de la forma en la que su cuerpo le atraía. Prueba de ello era su candente sueño húmedo.
Su mano que continuaba sobre el cuerpo del menor le temblaba. La adrenalina de que el castaño despertara le enloquecía y encantaba de igual forma.
Con su otra mano y lo más cuidadoso que pudo, levantó un poco las sábanas para poder contemplar el trasero del castaño. Se perdió en esa zona durante largos segundos, controlando sus impulsos a más no poder para no estrujar y amasar esas montañas carnosas y perfectas al mismo tiempo que su mente era invadida por todo tipo de pensamientos pervertidos que sólo afectaron sobre su erección hasta hacerla gotear nuevamente, mojando más la ropa interior. Se relamió los labios, incapaz de apartar la vista de ese tesorito bajo las sábanas.
Se obligó a negar con la cabeza y se cacheteó mentalmente. Retiró su mano de Tony muy lentamente, se incorporó de la cama lo más silencioso que pudo, salió de la habitación y se dirigió al baño. Estaba agradecido de que Tony fuera de sueño pesado. Tal vez, incluso, pudo haber hecho más con la mano que le temblaba, pero tampoco quería volverse un cabrón que aprovechaba la situación de vulnerabilidad del castaño. Con un pequeño vistazo a lo inalcanzable le bastaba.
Ya en el baño, se mojó la cara con agua fría esperando que el rojo intenso desapareciera de ésta. También aprovechó para lavarse los dientes y acomodar un poco sus cabellos rubios.
Salió del baño una vez su dolorosa erección disminuyó casi por completo. Le hubiera gustado atenderla para relajarse y calmarse un poco (al menos en su imaginación sí podía poner en marcha su mano temblorosa), pero temió ser descubierto por cualquiera de sus amigos. Bajó las escaleras y caminó hasta la cocina. Ahí ya se encontraban Natasha y Bucky. La primera preparaba el desayuno mientras el segundo apoyaba sus codos en la isla y usaba sus manos como soporte para su cabeza, aún con cara de recién despertado.