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Los cuatro salieron de la sala una vez terminó el espectáculo de fuegos artificiales

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Los cuatro salieron de la sala una vez terminó el espectáculo de fuegos artificiales. Steve caminaba junto a Natasha y Bucky cuando sintió que una mano lo sujetaba de la muñeca y tiraba de él. Giró sobre sus talones y se topó con los ojos marrones de Tony que lo miraban deseoso.

Vaya gemas tan hermosas, pensó.

Lo miró confundido. Tony se acercó a su oído.

—No te vayas —le susurró—. Quédate conmigo.

Steve sonrió al escuchar tales palabras. Sentía su corazón a mil por hora, como si quisiera salir de su pecho en ese mismo instante. Tomó a Tony en brazos, tal cual una princesa, y lo llevó a una habitación cercana mientras el castaño reía y rodeaba su cuello.

Llegaron. Steve cerró la puerta con un pie y se acercó a la cama. Dejó a Tony suavemente sobre ésta.

—Te quiero, Steve —le confesó—. Siempre te he querido. Seamos novios y gritémoslo a los cuatro vientos. Que todo el mundo sepa que nos amamos y que seremos muy felices juntos.

Steve volvió a sonreír. Se inclinó para besarlo. Tony cerró los ojos ante el acercamiento del rubio, rodeó su cuello con sus brazos y se sujetó de su nuca.

Sus labios estaban a punto de encontrarse cuando un sonido de timbre los interrumpió.

***

El timbre volvió a sonar, despertando a Steve abruptamente. Se removió entre las sábanas y suspiró. Todo había sido un sueño. Un hermoso e hiriente sueño. Se incorporó y apartó las sábanas para sentarse en la orilla de la cama. Se cubrió el rostro con las palmas de sus manos y lo frotó para despertar del todo.

Y aunque fue un sueño bastante realista para el rubio, estaba demasiado lejos de la realidad: una vez el espectáculo de la noche anterior terminó, cada uno se retiró a sus respectivas casas.

El timbre de su casa volvió a sonar. Steve se levantó de la cama y bajó las escaleras. Al abrir la puerta encontró a Natasha con una enorme sonrisa en el rostro.

—Buenos días, Steve —saludó y cruzó el marco de la puerta para entrar. Steve se hizo a un lado para dejarla pasar y cerró la puerta.

—Buenos días —respondió un poco somnoliento.

Natasha se dirigió a la cocina, dispuesta a preparar el desayuno. Disfrutaba de la cocina y también de los halagos que sus amigos le hacían al momento de probar sus creaciones. Disfrutaba mucho verlos degustar sus platillos; la llenaban de satisfacción.

Steve entró a la cocina poco después y se sentó en uno de los bancos de la isla. Observó a su amiga, quien en ese momento, se encontraba removiendo cosas en la alacena, posiblemente buscando el café.

Aprovechó que su amiga le ignoraba para pensar un poco sobre lo curiosa que podía llegar a ser ésta. Natasha era una chica de personalidad bien marcada: ruda y tosca. Steve la había acompañado a sus clases de artes marciales muchas ocasiones, e incluso él mismo aprendió algunos movimientos.

Mi Amanecer (Stony - Winterwidow)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora