"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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—Mesero, podría traernos otra orden, por favor —pidió Natasha.
—Enseguida.
La nueva orden de tacos llegó a la mesa junto a cuatro cervezas ya destapadas.
—¡Salud! —gritó Bucky mientras alzaba al aire una de las botellas de cerveza—. Por nosotros y nuestra gran amistad. Que nunca se termine y por más momentos como éste.
—¡Salud! —gritaron los otros tres al unísono. Chocaron sus cervezas y bebieron un poco de su contenido.
La orden de tacos se acabó en un abrir y cerrar de ojos. Estaban deliciosos.
—Okey, okey... —habló Tony, saliendo de los estragos que dejó la salsa verde en su boca—. Vamos a jugar Yo nunca, nunca. Yo empiezo. A ver... yo nunca, nuca: he robado algo valioso.
Los otros tres rieron y tomaron un poco de cerveza.
—Me toca —continuó Natasha—. Yo nunca, nunca: me he volado una clase.
—¡¿Qué significa eso?! —replicó Steve—. ¿Acaso ya no recuerdas la vez que los cinco nos salimos de la clase de química?
Bucky rio estruendosamente.
—Esa vez nos fuimos a un bar y fue la primera borrachera de Nat —recordó—. Se puso hasta la madre.
Steve y Tony también rieron. Natasha, en cambio, le dio un puñetazo a su novio. Los cuatro bebieron un poco de sus respectivas cervezas.
—Bien, Stevo, te toca —informó Tony.
Steve sonrió por el apodo.
—Yo nunca, nunca: he tenido sexo en lugares públicos.
—¡Auch! —exclamó Bucky falsa y dramáticamente. Bebió de su cerveza.
—¡Eres un idiota, James! —le recriminó Natasha y los demás rieron—. Bueno, yo también —añadió después con un tono pícaro. Bebió de la cerveza.
—No puedo creerles —habló Tony—. ¡Qué asquerosos son!... Está bien, yo también lo he hecho. —Sus amigos rieron y él bebió. Aunque Steve hizo una mueca de disgusto que ocultó detrás de su risa y que nadie notó.
—A ver... —empezó Bucky—. Yo nunca, nunca: me he masturbado en una casa ajena.
—Se siente increíble la adrenalina de ser descubierto en cualquier momento —señaló Steve y bebió de la cerveza.
La cara de Tony fue un poema.
—¿Qué acabas de decir? Pero tú... ¡Espera! Por favor, dime que no fue esa vez que fuiste a mi casa para que te pasara la tarea de cálculo y te encontré sospechosamente rojo —suplicó y Steve sólo se encogió de hombros, haciéndose el desentendido.
—Tal vez... cuando fuiste al baño...
—¡Steve!
Natasha y Bucky estallaron en carcajadas. Tony se cubría el rostro con sus manos, un poco avergonzado pero divertido a la vez. Steve sólo reía y le sonreía a Tony de forma sugestiva y traviesa.