"-Esto que estás viendo, este hermoso amanecer, ese sentimiento que invade tu cuerpo al observar tan hermosa escena, es lo mismo que yo siento siempre que estoy contigo, siempre que te veo. Porque tú eres mi sol. Eres mi amanecer... "
El Nuevo Mundo...
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Eran alrededor de las dos de la mañana. Tony no paraba de dar vueltas en la cama tratando de bloquear sus pensamientos y conciliar el sueño. Ya llevaba algunos días así. Y es que no podía dejar de pensar en Steve. La plática que tuvo con Jarvis días atrás le había ayudado mucho a pensar con claridad y lograr despejar su mente, pero no se atrevía a buscar al rubio para intentar de hablar con él.
Ahora, se encontraba ahí, enrollado entre las sábanas, sin poder dormir y con un dolor de cabeza que amenazaba con hacer acto de presencia. Pensaba en los increíbles momentos que ha vivido junto al rubio. Lo amaba, y ahora lo sabía gracias a Jarvis, al padre que siempre deseó haber tenido. Y es que su relación con su padre biológico no era la mejor, por no decir que era bastante conflictiva.
Regresando al tema del amor: amaba a Steve. Ahora comprendía todos esos sentimientos que se hacían presentes en cuanto Steve aparecía en su campo de visión. Todos esos sentimientos que en su momento no comprendía, ahora tenían todo el sentido del mundo, y no eran otra cosa más que amor. Él estaba enamorado de Steve, y ahora se arrepentía de decirle que no era así, de lastimarlo sin necesidad alguna. Se sentía como una mierda; tal vez lo era.
Steve no le había buscado durante esos días. Intuía que estaba dolido o enojado con él, y con justa razón. Ahora que lo pensaba mejor, no entendía cómo no había captado todas las señales e indirectas que Steve le mandó. Por Dios, lo de haberse masturbado en su casa aquella ocasión era, literalmente, un "¡Me muero por ti, imbécil!".
Sin poder pegar los ojos, tomó su celular y entró a los mensajes. Buscó el contacto de Steve y abrió la conversación. Para su sorpresa, el rubio estaba en línea; tal vez Steve estaba pasando por las mismas que él. Quiso mandarle un mensaje, pero no fue necesario: el rubio lo hizo primero.
Steve: Tú tampoco puedes dormir?
Tony: No jaja.
Steve: Te gustaría ir a cenar algo?
Tony: ¿Ahora?
Steve: Entiendo si no quieres ir, pero me gustaría que aceptaras. Prometo que no tocaré el tema de mis sentimientos, sólo quiero hablar contigo y arreglar las cosas entre nosotros. Qué dices?
Tony pensó por un largo segundo. A la mierda las opiniones de los demás, los prejuicios y los encabezados de los periódicos matutinos. Él amaba a Steve. No iba a negarlo ni a reprimirlo. Ya no más.
Tony: Me encantaría :)
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