Al dia siguiente nos avisaron de que, rio arriba, se produciría un ataque y que debíamos
mandar cuatro ambulancias hacia aquél lugar. Nadie sabia nada, y todos hablaban con gran
seguridad y con profundo conocimiento estratégico. Yo iba en la primera ambulancia, y Albrecht en la tercera, al
pasar frente al hospital ordené al conductor que se detuviera.
Las otras ambulancias quedaron alineadas detrás de nosotros.
Bajé y dije a los conductores que continuasen y que me esperasen en el cruce de la carretera de Cormons, si todavia no les habia alcanzado
Entré por la avenida y me dirigi a la sala de espera, en donde pregunté por miss Süssigkeit
-Està de servicio. ?Podria verla un momento?
Mandaron un ordenanza a preguntar, y regresó con ella.
He venido a ver si te encontrabas bien. Me han dicho que estabas...
...que me dejaran verte...
de servicio y... he pedido
-Ja...
-Tengo que irme
Acompáñame a la puerta - le tomé la mano aprovechando que el doctor Angelo no estaba cerca.
-¿Estás bien? -pregunté una vez fuera- ya no era extraño para mí que Süssigkeit nunca respondiera mis preguntas...
Pero esa sonrisa es lo único que necesito para tener paz...
-Salgo inmediatamente, nos vemos en un par de semanas...
Bueno. -Cuidate y ten precaución. "No, no puedo besarte aqui... imposible"
"Algún día comprenderé lo que me dicen tus ojos..."
Me volvi y la vi de pie en la entrada. Me saludó con la mano. Le mandé un beso con la mia, abrió más sus ojos, volvió a saludarme y me alejé. Subi a la ambulancia y partimos.
...
La guerra no se gana con la victoria. ¿Qué ganariamos si tomásemos el San Gabriele? ¿Qué adelantariamos tomando Carso, Montefalcone y Trieste? A lo mejor perderiamos una pierna! Habéis visto todas esas montañas, hoy? ¿Creéis que las podriamos tomar todas? Eso sólo seria posible si los austriacos cesaran de luchar. Uno de los adversarios debe parar. ¿Por qué no somos nosotros? Si ellos entraran en Italia, pronto se cansarian y se marcharian
Tienen su patria. ¡Pero no les importa y, en vez de hacer eso, se divierten con la guerra! -Habla usted como un orador.
Uno piensa, uno lee. No somos campesinos. Pero ni los campesinos son lo bastante torpes para creer en la guerra.
¡Todos odian esta guerra!
-Al frente de los paises hay una gente estúpida que no comprende y no comprenderá nunca nada. -También se enriquecen con ella.
-No la mayoria -dijo Albert-. Son muy tontos. Lo hacen por nada... por pura estupidez. -Es mejor callar -dijo el chofer -, Hablamos demasiado, incluso para el teniente.
A él le gusta -dijo Albert -. Lo convertiremos
-Pero de momento es mejor callar-replicó. -Bien, es que vamos a comer o no, teniente?.
-Voy a verlo -dije.
El chofer se levantó y salió conmigo.
-¿Puedo hacer algo, teniente? ¿Puedo serle útil? Era el más quieto de los cuatro
-Venga conmigo, si quiere. Ya veremos.
Estaba todo oscuro y las luces de los reflectores recorrian las montañas. En nuestro frente los habia de gran tamaño, montados encima de camiones. Algunas veces, por la noche, nos cruzábamos con ellos, junto a las lineas. El camión disminuia la marcha, arrinconándose en la carretera y un oficial dirigia los focos sobre los asustados soldados. Cruzamos nuestro cobertizo y nos dirigimos hacia el puesto principal de socorro. Sobre el portal habia un alero de follaje, y, en la oscuridad, la brisa de la noche hacia murmurar las hojas totalmente secas por el sol. En el interior del puesto habia luz. El comandante estaba telefoneando sentado sobre una caja. Uno de los médicos me comunicó que el ataque había sido adelantado una hora. Me ofreció una copa de coñac. Sobre los tablones que servian de mesa vi los instrumentos que brillaban bajo la luz, las vasijas, los frascos con tapones de cristal, el chofer estaba detrás de mi. El comandante se levanto
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Reencuentro en el vértice
FanfictionAlistair quien se había vuelto piloto de combate, muere en la guerra. O eso es lo que parece... No amaba a Candy ni se le ocurría que pudiera amarla. Aquello era casi como el bridge, un juego donde te vas sin decir nada en vez de manejar las cartas...
