Último día.

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— Supongo que ya es hora de que se lo cuente a alguien, además Chris sabe escuchar y puede que si me ayude...

— Chris, promete que no se lo contarás a nadie, por favor —pidió seria.

— Te lo prometo —aseguró.

— Pues... Uff —balbuceó nerviosa.

Chris la tomo de las manos acariciandoselas para tranquilizarla. Y entonces se lo contó.

— Y como él se portó así conmigo y me dejó cuando me negué... Desde entonces no puedo confiar en los hombres, no quiero abrirme para que luego me hagan daño, sobre todo cuando me gustan de verdad -
—confesó.

— Lo primero, ese Eduardo es un cabrón gilipollas al que más le vale no cruzarse conmigo y lo segundo, a veces es irremediable que eso pase pero si alguien te gusta de verdad tienes que dejar que entre en tu vida —dijo refiriéndose a él.

— Siento que me he quitado un peso de encima increíble.

— Gracias por escucharme, ahora sabes por qué me iba siempre, lo siento.

— No lo sientas —dijo con una sonrisa y acariciando la mejilla de Beatriz— entiendo que te cueste estar con alguien, pero quiero que sepas que yo no soy así, no podría.

— Aún así no podríamos estar juntos Chris, tu eres un actor famoso, tienes tu trabajo, viajas mucho y eso sin contar que vives al otro lado del charco...

— Voy a hacer como que no he escuchado nada —pensó Chris.

— ¿Sabes? No tengo nada que hacer hasta la semana que viene, podrías venir conmigo o yo ir contigo y no sé, probar a ver qué tal nos va...

— No puede ser Chris —insistió pero antes de poder seguir, él la besó— Chris... No me hagas esto.

— Tengo una idea, me debes un día en Disney, un trato es un trato y mañana es un buen día para cumplirlo.

— Tienes suerte de que sea una mujer de palabra, pero sólo eso nada más —confirmó.

Una sonrisa de vencedor se dibujó en la cara de Chris y su adorabilidad fue aplastante. Beatriz le dió un beso en la mejilla y se levantó.

— Volvamos a la fiesta —le pidió con una sincera sonrisa.

Chris se levantó y entrelazó su mano con la de Beatriz y así fueron hasta regresar al jardín con el resto de invitados.

— Me voy con Paula un momento, espérame.

No hizo falta porque Paula fue hacia Beatriz corriendo como si llevara años sin ver a su amiga.

— ¡Bea! Lo siento —dijo estrujandola en un abrazo— gracias por cuidarme, eres la mejor amiga, te quiero.

— Genial, pero sueltame que me cuesta respirar —la soltó ipso facto— era mi deber cuidarte y no vuelvas a beber más por hoy.

— No lo haré —sus ojos vieron a Chris— ya veo, os dejaré a solas, ya me contarás luego.

Paula se fue sin dar a Beatriz la oportunidad de contestar así que se dió la vuelta y volvió con Chris.

— ¿Y qué le digo yo ahora? Esto es muy raro —pensó Beatriz.

No hizo falta hacer nada porque una conga les absorbió a ambos. Después de una vuelta la música paro y todos se fijaron en el escenario donde estaban Amanda y John.

— Muchas gracias a todos por venir, esperamos que os lo hayáis pasado bien.

— Sólo queda una última cosa antes de irnos de luna de miel, chicas poneos todas ahí.

Una vez todas las chicas se juntaron en un tumulto frente al escenario Amanda se giró y tiro el ramo. Todas excepto Beatriz se volvieron locas por atrapar las flores, y después de una pequeña revuelta Paula apareció con el ramo, o lo que quedaba de él en las manos. Sonreía de tal manera que cualquiera hubiera pensado que la había tocado el premio gordo de la lotería.

— ¡Paula, eres la siguiente! —exclamó Amanda.

Paula se sonrojó al notar todas las miradas sobre ella en ese instante y luego Beatriz la miró y se rió.

— Así que te casas con David, ¿eh?

— ¿Qué? Oh... —entendió que se lo dijo en su estado de embriaguez— siento no habértelo contado antes.

— No pasa nada, me alegro de que esteis juntos, es cuando más feliz te he visto.

— Muchísimas gracias por venir chicas —afirmó la recién llegada Amanada— el padre de John os llevará al aeropuerto cuando esteis listas.

— Esto... Yo no voy contigo Paula —murmuró.

— ¡¿Qué?! —exclamaron las dos.

— ¿Os acordáis de la apuesta que hice con Chris? Pues tengo que cumplirla, ha insistido en que vaya con él.

— ¡OMG! —volvieron a exclamar como dos adolescentes.

— Bueno no es para tanto solo voy a cumplir una apuesta y a ganarla.

— Bea —Paula comenzó a llorar— que no te voy a ver más.

— No digas eso Paula, en dos días te veo otra vez.

— Que no que Chris ya no te suelta.

— Anda, Paula, no digas más tonterías —y la abrazó.

Un par de horas después ya guardaron todo lo de Paula en la maleta y ropa que Beatriz no se pondría. Ella llevaría la mochila con el material de aseo y ropa de cambio, el último conjunto que tenía limpio además del que llevaba puesto. Se despidió de Paula y de unas cuantas lágrimas y regresó a por su mochila. La puerta volvió a sonar y Chris entró a la habitación.

— ¿Ya estás lista?

— Sí —le enseñó la mochila— creo que no me dejo nada —dijo echando un último vistazo a la habitación.

Un Sueño Vivido. II © (TERMINADA) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora