N/A: HOLA. VOLVÍ. Sé que he estado desaparecida, pero si están en el grupo de Telegram o me siguen en Instagram, se habrán enterado de que tengo un concierto a fin de mes que me tiene los pelos de punta y ha consumido toda mi energía.
Así que he decidido traerles este fin de semana un mini maratón de 3 capítulos para ustedes. Por favor, no abandonen la historia ¿sí? Sigan dándole amor, votos y comentarios. Estamos cerca de llegar al primer kilito de lecturas :D
¡Las quiero! Gracias por la paciencia.
A la mañana siguiente, Montse aún duerme cuando estoy por salir del apartamento. El chófer que me asignó Mauricio me está esperando y viajo en solitario hasta la pastelería.
Por supuesto, el primer rostro que veo es el de Federica. No podría empezar mejor la mañana, ironizo.
—Buenos días, señor Díaz —saluda de muy buen humor, observando las estanterías—. Qué bueno que llegó, el transporte está afuera. Necesito que me ayude a llevar los postres del cumpleaños.
—Como ordene —digo y me acerco a ella, observando en la misma dirección. Me inclino hacia su oído para hablar—. Y puedes llamarme Sebastián.
Ella se endereza de sopetón, mirándome. Me yergo para colocarme a su altura, manteniendo el contacto visual por largos segundos.
— ¿Qué estás esperando? —pregunta y yo frunzo el ceño—. ¡Vamos a la cocina a por los postres! Este pedido no se entregará solo.
Sonrío, notando que pretende no inmutarse por mi cercanía. Dejo que pase primero, observando como el legging que carga puesto le realza ese trasero redondo y tonificado que tiene.
La ayudo a sostener el gran pastel y subirlo al camión que nos espera. Luego de eso, vienen los cupcakes guardados en domos. Se quita el cabello de la cara, jadeando y me mira, alzando la mano.
— ¿Qué? —pregunto, confundido.
— High five, niño bonito —dice con obviedad, acercando más su mano a mí.
—No voy a...
Enrosca su mano libre en mi muñeca y la alza, chocando nuestras palmas. Me deja ir, pero soy más ágil, siendo yo quien la sostiene esta vez.
—¿Seguimos con el niño bonito, eh? —pregunto, acercándome a ella.
—No te lo tomes literal, es un decir —responde, rodando los ojos—. No eres tan atractivo.
—Pero piensas que lo soy —canturreo, sonriendo en su dirección.
Ella balbucea algo, sonrojándose de inmediato. En un rápido movimiento, se zafa de mi agarre y baja del camión en un brinco, sacudiéndose las manos.
—Todo listo. Que alguien venga a estar pendiente de todo acá atrás —ordena, golpeando el vehículo.
—Sí, señorita Herrera —le responde alguien que no logro ver, ya que la persigo hacia la pastelería.
—¿Qué pasó, boss? ¿Te comió la lengua el ratón? —pregunto.
—No seas imbécil, Sebastián —masculla y me encara—. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué eres horrible? Tampoco soy ciega, ni voy a pretenderlo. No tengo por qué negar que... no molestas a la vista.
No puedo evitar reírme por su forma de decir que me encuentra atractivo y niego con la cabeza. ¿Cuánto falta para tenerte comiendo de mi mano, Federica Herrera?
—Bueno, boss, yo también pienso que no eres tan atractiva —le digo, yendo tras de ella—. Si entiendes a lo que me refiero, ¿no?
—No necesito que me digas si te parezco atractiva o no, de ninguna manera —habla, encarándome—. Ni tú, ni nadie. No soy atractiva por lo que los demás piensen, soy bonita porque lo soy y punto. Y por si no te quedó claro: sé muy bien que no soy tan atractiva, ¿si sabes a lo que me refiero, no?
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Caricias de chocolate | Libro 2 | Trilogía "Gastronomía del placer". (+18)
RomanceAmbos tienen una pasión en común: los postres. ¿El problema? Se llevan de perros. Él es arrogante, egocéntrico y bromista. Ella es testaruda, orgullosa y atrevida. ¿Qué sucede cuando un beso lo endulza todo? Hay quienes dicen que el postre es un luj...