Llegamos al restaurante y le tiendo la mano a Federica para ayudarle a salir de la limosina. Noto que Aarón hace lo mismo con Gabriela y eso me sorprende.
¿Mauricio sabe de esto? Porque si no, creo que va a matarlo.
Nos adentramos al lugar, maravillado con lo que veo. No puedo evitar sonreír y mis ojos se llenan de lágrimas por el orgullo, aunque trato de disimularlo. Federica lo nota y se abraza a mi cuerpo, sonriéndome.
Tiene similitudes al anterior restaurante, como la madera y el azul decorando el lugar, así como las luces colgantes y las áreas al aire libre. Hay una pared roja con un altar con la virgen María y hay un poco de movimiento entre los meseros y personas de protocolo.
Me tenso de inmediato cuando veo a mi padre, quien habla con la junta directiva del restaurante de forma muy animada. Sus ojos se posan en mí y luego en Federica, notándose ciertamente sorprendido.
Ruedo los ojos, sin poder creerme aún su actitud y guío a Federica en dirección opuesta a él. Sin embargo, no duda en alcanzarnos.
—Sebastián.
Detengo el paso, apretando mi mano en un puño. Federica lo nota y me mira, confundida, antes de darle la cara a mi progenitor.
—Papá.
Mi novia se tensa a mi lado porque no se lo esperaba. Él la mira de arriba abajo y me contengo para no darle un puñetazo.
— ¿Qué quieres? —pregunto, irritado.
—Solo saludar. No he sabido de ti últimamente —habla, mirándome.
—Porque no te has interesado en saber. Ahora, si nos permites...
— ¿No me vas a presentar a tu acompañante? —me interrumpe y yo suspiro.
—No soy su acompañante, soy su novia —intercede ella, alzando el mentón con orgullo y me hace sonreír—. Federica Herrera.
—Vaya, entonces sí eres hombre después de todo, Sebastián —se burla mi padre un poco.
—Vámonos —mascullo, tomando la mano de Federica—. Mantente alejado de nosotros —le ordeno a él, quien me muestra una sonrisa burlona.
—Ni siquiera te llama hijo —murmura Federica en mi oído, clavando un puñal en mi corazón y luego se cubre la boca—. No lo necesitas, Sebas. Tienes a tus hermanos y me tienes a mí —agrega, tomando mi rostro entre sus manos y me besa.
Mauricio captura nuestra atención al entrar acompañado de Charlotte, la modelo española que le montó los cuernos hace un par de años. Mis ojos de inmediato buscan a Gabriela, quien parece un poco incómoda ante la situación.
— ¿Quién es ella? —Pregunta Federica—. Es preciosa.
—Charlotte Pedraza, es una modelo española —respondo, restándole importancia.
—Pues, no nos acerquemos mucho. Me sentiré muy opacada —se burla a medias y yo la miro, frunciendo el ceño—. ¿Qué? Fue una broma.
—Esta habitación podría estar repleta de modelos, Fede, y tú seguirías siendo la más hermosa ante mis ojos —le digo y ella sonríe, sonrojada.
—Gracias, amor —habla y posa sus labios en mi boca por unos segundos—. Pues, vamos a saludar.
Los meseros nos tienden copas de champán y charlamos con Montse, Cristián, Aarón y Gabriela. Hay fotógrafos en varias partes de la estancia, capturando momentos importantes del evento y Fede los nota.
— ¡Hey! ¿Crees que puedes tomarme una con mi prima? —le pregunta al primero que ve, enroscándose en el brazo de Gabriela. Ellas posan para la foto, luciendo muy hermosas y luego se acerca a mí—. Ahora una con el novio más guapo del lugar.
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Caricias de chocolate | Libro 2 | Trilogía "Gastronomía del placer". (+18)
RomanceAmbos tienen una pasión en común: los postres. ¿El problema? Se llevan de perros. Él es arrogante, egocéntrico y bromista. Ella es testaruda, orgullosa y atrevida. ¿Qué sucede cuando un beso lo endulza todo? Hay quienes dicen que el postre es un luj...