¡Hola, mis bombones! Este capi es largo, espero lo disfruten :D
Una notificación llega a su celular y lo toma con pereza, abriendo muchos sus ojos y tensándose cuando lo desbloquea. Me siento para ver qué sucede, porque parece que está en shock.
—Son las notas del examen —habla y me mira—. ¡Saqué diecinueve!
— ¡Sabía que ibas a sacar buenas notas, pinche mocosa! —le recuerdo, despeinando su cabello con mi mano—. ¿Ves? No tienes por qué tener los pies en la tierra, tu lugar está siempre en la cima.
Ella me abraza con ojos aguados y yo la estrecho con fuerza entre mis brazos. Tocan el timbre y mi hermana se limpia el rostro antes de levantarse y abrir la puerta, dejando ver a mi hermano con una sonrisa en el rostro y los brazos extendidos.
Montse lo abraza y él se ve orgulloso de su hermana mientras le devuelve el gesto, estrechándola con fuerza y cerrando sus ojos, sonriendo.
—Eres increíble, hermanita. Fuiste una de las mejores —la felicita y entra al departamento, mirándome—. Iremos a cenar los tres, para celebrar.
Montse me mira y no puedo negarme, está feliz y no quiero arruinar su felicidad. Asiento en su dirección y me levanto para darme un baño rápido y cambiarme por algo un poco menos casual.
Me visto todo de negro: pantalón de vestir, camisa manga larga con cuello de tortuga y un saco. Me coloco mis cadenas y anillos y un poco de perfume antes de salir de mi cuarto y veo a Montse cambiada también.
Tomo su mano y le doy una vuelta, haciéndola reír. Ella viste de rojo con puntos blancos en un vestido estilo flamenco que le queda divino con su tono bronceado de piel y unos tacones bajos de color blanco con transparencias.
— ¿A dónde iremos a cenar? —pregunto con burla.
—Me ofende tu pregunta —responde Mauricio, colocándose una mano en el pecho antes de cerrar la puerta detrás de él.
Mauricio no vino manejando esta vez, así que Pascual será quien nos lleve. Los tres nos sentamos en la parte de atrás del auto negro, Montse en el medio de ambos, y vamos parloteando y riendo a medida que Mauricio y ella cuentan lo vivido durante el examen.
— ¿Gabriela pasó buscando su bolso? Porque si fue así, seguro se encontró contigo la pobre —le comenta Montse y Mauricio sonríe, acariciándose la barbilla.
—Sí, la pobre se encontró conmigo en la oficina. Terminamos peleando, como siempre —responde, encogiéndose de hombros.
No sé por qué presiento que miente... Sin embargo, lo dejo pasar.
Cuando llegamos, observo la entrada al restaurante que se alza con majestuosidad ante nosotros. Mis manos descansan en mis bolsillos y un nudo se me atasca en la garganta al ver la estructura grecorromana del lugar, dándole un toque mitológico que me ha encantado siempre.
Es como nuestro olimpo y nosotros somos los dioses que residen en él. Solo que, al parecer, yo fui desterrado sin haber hecho algo malo.
Nos adentramos en el cálido y romántico lugar, iluminado con las luces colgantes y los árboles debido al cielo abierto que se cierne sobre nosotros. Tomamos asiento e inmediatamente un mesero nos atiende, haciendo un ademán de saludo con la cabeza y sonriendo con amplitud.
Mauricio pide vino para complacer a mi hermana y nos lo sirven a los instantes. La cena empieza a transcurrir con normalidad, hablando de todo un poco. Mi hermano comenta que hubo muchas notas decentes durante el examen, pero muy pocas pasaron de los diecisiete puntos.
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Caricias de chocolate | Libro 2 | Trilogía "Gastronomía del placer". (+18)
RomanceAmbos tienen una pasión en común: los postres. ¿El problema? Se llevan de perros. Él es arrogante, egocéntrico y bromista. Ella es testaruda, orgullosa y atrevida. ¿Qué sucede cuando un beso lo endulza todo? Hay quienes dicen que el postre es un luj...