N/A: El maratón empieza en el 5. Asegúrense de empezar allí ;)
Luego de un poco de acción en el baño de damas, estoy más que agotado. Ya es medianoche y lo que más quiero es largarme de aquí. Mauricio tiene cara de pocos amigos, mirando siempre en dirección a Gabriela. Ay, hermano... mira como te tiene la estudiante, pienso. Lo guardaré en mi memoria para burlarme de él más tarde.
El DJ pone una versión slowed & reverb de Talking Bodies, Tove Lo. Le da un toque sensual a la canción y me gusta. Me acerco a Federica, motivado a intentar que baile conmigo. Está claro que no aceptaré un no por respuesta e insistiré hasta que acepte. Mis manos van a su cintura, mi pecho rozando su espalda. Detiene sus movimientos y respira hondo, sin mirarme.
—Boss, ¿me permite un baile? —susurro en su oído.
— ¿Por qué no lo aceptaría? Me caes mal, sí —responde, encarándome. Sus manos se enroscan en mi cuello y no oculto mi sorpresa cuando se acerca más a mí—, pero es mejor bailar contigo que con otro desconocido con la mano suelta.
— ¿Alguien te tocó sin tu consentimiento? —mascullo entre dientes, alejándome de ella.
— ¡Ja! Como si yo fuese a permitir eso —dice y noto que arrastra un poco las palabras.
Está borracha.
Quito el cabello de sus hombros, acariciando la piel visible de su cuello. Sus ojos brillan bajo las luces al mirarme y sus labios apenas se entreabren, mientras nos movemos de lado a lado.
Acaricio sus hombros y bajo hasta su cintura. Noto como traga saliva con dificultad y jadea cuando la acerco a mí.
—¿Dónde estuviste todo este rato? Te desapareciste como por 15 minutos —pregunta.
—No fue tanto tiempo —miento y busco de desviar el tema—. ¿Estás borracha?
—Un poco —admite, mostrando una sonrisa ebria que a mí se me hace tierna.
Se mueve de lado a lado conmigo, acercando su rostro al mío. No me mira, solo roza nuestras narices mientras observa hacia mi cuello u otra dirección, y el tenerla así de cerca me genera una sensación cálida en el cuerpo que no sé cómo explicar.
Entramos en una extraña nebulosa, donde nos llevamos bien y nuestros cuerpos parecen encajar. Alza su mirada oscura, alejándose unos pocos centímetros de mí, pero no los suficientes para dejar de sentir su cálida respiración chocar contra la mía.
De cerca es incluso mucho más linda, pienso.
Olisquea en mi dirección y frunce un poco el ceño. Coloca distancia entre nosotros al extender sus brazos y yo imito su gesto, un poco confundido.
— ¿Estabas cogiendo con la tipa esa, cierto? —No sé si pretendía sonar así de brusca, pero luce furiosa al traer de nuevo el tema a colación.
—No más tragos para ti —evado y ella me empuja, frunciendo el ceño.
—Tú no me dices que hacer —gruñe, energúmena y se aleja de mí.
— ¡Demonios! —mascullo, irritado.
Se acerca a Montse, quien ya no baila con el colombiano. Gabriela también se une y les dice algo que las hace reír. Luego de eso, Cristián se marcha con cara de preocupación y Montse no parece disfrutar tanto de la fiesta como antes.
Supongo que, al fin, es hora de irnos.
Observo a la gente del bar y unos tipos capturan mi atención, notando que llevan mucho rato hablando y mirando en dirección a las chicas. Les miran de arriba abajo y descubro morbo en sus miradas. Asqueroso.
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Caricias de chocolate | Libro 2 | Trilogía "Gastronomía del placer". (+18)
RomanceAmbos tienen una pasión en común: los postres. ¿El problema? Se llevan de perros. Él es arrogante, egocéntrico y bromista. Ella es testaruda, orgullosa y atrevida. ¿Qué sucede cuando un beso lo endulza todo? Hay quienes dicen que el postre es un luj...