―Hora de irnos, ¿te llevo a casa? ―pregunto, enrollando mis brazos en su cintura, apoyando el mentón sobre el hombro de mi novia.
—Voy a ir al café donde trabaja Gaby primero. ¿Nos vemos en tu depa más tarde? —pregunta, jugando con el cuello de mi franela.
No puedo negar el ligero estremecimiento que me recorre el cuero ante sus palabras y mi compa se alza en respuesta, cosa que la hace reír. Yo trago saliva con dificultad ante todas las imágenes que pasan por mi cabeza.
― ¿Para qué quieres ir, mi caramelo? ―Me hago el tonto, alzando una ceja.
―Pues, señor Díaz, para que me haga el amor sobre lo primero que encontremos en el camino ―habla con una voz sensual que me prende más, acariciando mi labio inferior con su índice.
Oh, estás en serios problemas, Federica.
—¿No quieres que te lleve al café? —pregunto.
—Tranquilo, pasa por mí si te tranquiliza —responde, robándome un pico de labios.
—Hecho.
Nos despedimos con otro beso, un poco más intenso, y me trepo en el auto para que Pascual me lleve al departamento. Cuando llego y abro la puerta, observo el lugar en el que he vivido por tres años y sonrío con nostalgia.
Me doy una ducha y arreglo mi habitación para ir a buscar a Fede. Le marco para saber si ya puedo pasar por ella y espero a que me atienda.
—Hola, Sebas —saluda y yo frunzo el ceño.
Ya casi nunca usa mi diminutivo, ¿por qué ahora sí?
—Hola, amor. ¿Está todo bien? —pregunto.
—Mauricio pasó buscando a Gabriela y nos trajo hasta la casa. Quería hablar a solas con ella, pero cuando mi prima empezó a gritar me quedé a escuchar y... le contó cosas terribles.
—Lo de Leonardo, ¿cierto? —pregunto y suspiro—. Joder, boss, lamento todo lo que mi padre le está haciendo a Gaby.
—No eres tú quien debería lamentarse, amor. No tienes la culpa —responde.
***
Han pasado pocos días desde el fallecimiento de la señora Margarita. Mi hermano se ha reunido con Montserrat, aún no sé por qué y hoy me ha pedido que esté con Federica en su casa hasta que él llegue con Gabriela y su madre.
Así que estos dos, de seguro, resuelven sus problemas hoy.
— ¿Sabes por qué Mauricio habló conmigo? —Me pregunta mi hermana, colocándose los zarcillos mientras sale de su habitación—. Va a ser un almuerzo especial en honor a la abuela de Gabriela. Al parecer, sí quiere llevarse mejor con ella.
Ay hermanita, a veces eres tan inocente, pienso.
—No sabía eso —respondo, encogiéndome de hombros—. La organizaste tú, ¿cierto?
—Entre los dos, sí —responde, sonriendo—. Estoy segura de que eso alegrará a su familia, por ende, a Federica.
—Gracias, hermanita —le digo, abrazándola—. Por fin, ¿cómo te va con Cristián?
—Pues, no lo sé. Supongo que bien —responde, encogiéndose de hombros—. No lo voy a negar, me pone ansiosa que no me pida ser su novia. Me pone mil dudas en la cabeza que no dé ese paso. ¿Y si todavía le gusta...?
—No —la interrumpo—. Dudo mucho que sea eso. Solo dale tiempo. Soportaste casi cuatro años esperando que algo así sucediera, no lo eches a perder por ansiosa.
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Caricias de chocolate | Libro 2 | Trilogía "Gastronomía del placer". (+18)
RomanceAmbos tienen una pasión en común: los postres. ¿El problema? Se llevan de perros. Él es arrogante, egocéntrico y bromista. Ella es testaruda, orgullosa y atrevida. ¿Qué sucede cuando un beso lo endulza todo? Hay quienes dicen que el postre es un luj...