NARRA FEDE
Gabriela ha estado un poco ansiosa, ya que el lunes darán los resultados. Sin embargo, Mauricio sabe cómo distraerla y se la llevará todo el fin de semana al rancho.
La veo tan feliz y contenta, que me siento dichosa. Aunque el fallecimiento de Margarita fue un fragmento oscuro en su vida, solo es una pequeña parte de su libro y ahora el sol ha vuelto a brillar para ella. Y para mí también.
Incluso para los mismos Díaz, ahora que su padre no está para seguirlos lastimando.
Escucho el claxon de un auto y salgo disparada a abrir la puerta, pues sé que el bombón que tengo de novio me espera del otro lado. Cuando me encuentro con sus ojos verdes, no puedo evitar sonreír como niña pequeña y él imita mi gesto.
—Hola, boss.
—Niño bonito —saludo—. ¿Nos vamos?
—Sí, amor. Antes de ir a ver apartamentos, me gustaría visitar a Elena. Quiero saber cómo se encuentra.
—Justo estaba pensando en ella cuando desperté. Así que me parece muy buena idea —concuerdo y me acerco a tomar mi cartera para luego salir de la casa.
Nos trepamos en el auto y saludo a Pascual. El carro se pone en marcha hacia el restaurante y observo por la ventana. Al cabo de unos minutos, miro a Sebastián y lo observo algo pensativo.
Quisiera preguntar sobre la visita que le dio a su padre, pero no sé si quiere hablar de ello.
—Amor —murmuro, capturando su atención—. Si quieres hablar de algo, puedes hacerlo, ¿sí? Recuerda que estoy aquí para ti.
—Gracias, mi amor —responde, tomando mi mano y sonriendo apenas—. Más tarde, ¿sí?
—Está bien.
Elena todavía se hospeda en la suite de Sebastián, pero ya le dijo que está buscando alquilar alguna casa pequeña pues se encuentra ahorrando. Sin embargo, él le aseguró que podría quedarse allí el tiempo que necesite, pues casi no usa la suite.
Y ahora que nos vamos a mudar, mucho menos.
Subimos al ascensor y la puerta se abre, dejándonos ver a una muy sonriente Elena. Ella nos recibe con besos y abrazos, dejándonos tomar asiento en el sofá.
Los recuerdos del día de la inauguración hacen que se me calienten las mejillas y observo a Sebastián, quien me guiña un ojo pues sé que estamos pensando en lo mismo. Ese día, Elena se quedó afuera, suponemos que con Juárez, por eso tuvimos la suite para nosotros dos.
—Hola, Elenita. ¿Cómo te encuentras? —pregunto, abrazándola—. Tengo algo que contarte.
—¿Qué cosa? —pregunta.
—Sebas y yo vamos a mudarnos juntos pronto.
— ¡Oh, ¿de verdad?! ¡Felicidades, chicos! —Exclama, trayendo de vuelta a la realidad a Sebastián y noto que finge una sonrisa en su dirección, aunque no sabe de qué habla—. No puedo creer que hayas dado ese gran paso, Sebas.
Ahora, cayendo en cuenta de la situación, su sonrisa se ensancha y se acerca a rodear mi cintura. Seguro andaba pensando en perversidades.
—Me vuelve loco no despertar a su lado, Elena. Es la mujer con la que me veo unido de por vida —responde, haciéndome suspirar—. Y hablando de amores y demás... ¿nos vas a contar qué hay entre Juárez y tú?
Elena desvía la mirada, sonrojada pero no me pasa desapercibida la sonrisa en su rostro. Se levanta y alarga la respuesta, sirviéndonos jugo de naranja y ella bebe el suyo de un largo trago.
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Caricias de chocolate | Libro 2 | Trilogía "Gastronomía del placer". (+18)
Storie d'amoreAmbos tienen una pasión en común: los postres. ¿El problema? Se llevan de perros. Él es arrogante, egocéntrico y bromista. Ella es testaruda, orgullosa y atrevida. ¿Qué sucede cuando un beso lo endulza todo? Hay quienes dicen que el postre es un luj...