Capítulo 43

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-Buenos días -saludo al llegar al restaurante, con voz serena y una sonrisa leve.

-Buenos días -responden todos casi al unísono, con un ánimo contagioso.

Mis ojos buscan a Liza por instinto. Ahí está, hojeando el menú. Me observa apenas un segundo antes de desviar la mirada, y aun así, ese breve contacto le da un rafagazo a mi corazón.

Estudio las opciones que tengo a la hora de tomar asiento. Hay tres puestos que podría ocupar; uno al lado de mi pequeño primo, otro al lado de Liz y uno de por medio de esas dos sillas.

No estoy seguro de cómo la familia Cox percibe ahora mi cercanía con Liza, después de todo lo que ocurrió la noche de la inauguración. No quiero generar tensión innecesaria.

Suspiro bajito y, sin pensarlo demasiado, tomo asiento junto a mi primo quedando a mi otro lado los otros dos asientos libres.

-Todo bien? -me pregunta el señor Cox de manera inesperada para mí y no entiendo porqué me pongo un poco nervioso... O tal vez si lo sé.

-Todo bien. - afirmo, intentando poner mi cara de chico bueno la cual dice "no me estoy acostando con su hija."

Es algo tonto, pero por ahí va la cosa. Aunque por dentro... bueno, por dentro estoy recordando que anoche su hija estuvo entre mis brazos.

Todos retoman sus charlas y yo abro el menú, fingiendo concentración. Apenas empiezo a leer, escucho movimiento a mi lado. Liza se levanta con suavidad y, sin mediar palabra, toma la silla vacía junto a mí.

El corazón me da un vuelco.

Levanto la mirada justo a tiempo para ver cómo se acomoda. Me regala una pequeña sonrisa, cómplice y serena, que responde con exactitud a lo que yo también siento. Se la devuelvo con timidez, sintiendo que mi rostro se calienta sin razón lógica.

Maldicion! Debo admitir que me desconozco.

La acción de Liza viniendo hacia mi lado no llamó la atención de los demás. Todos continuaron sumergidos en sus conversaciones lo que me lleva a pensar que yo no debería enfrascarme tanto con Liz delante de su familia.

-¿Y... dormiste bien? -pregunta Liz sin despegar los ojos del menú, como si la pregunta no llevara detrás una historia completa.

Dormir bien... ¿cómo podría? Qué respuesta puedo darle cuando minutos antes de irme a la cama, tuve la mejor noche que nunca pude haber tenido en toda mi vida? Todo lo que viví con ella anoche fue como un sueño estando despierto. La verdad es que no dormí nada. Estuve dando vueltas en la cama recordando todo lo que había pasado, me esforcé en conciliar el sueño pero fue una perdida de tiempo porque la imagen de Liz debajo de mí nunca abandonó mi cabeza.

-Pude descansar -respondo con un tono neutral, disfrazando un poco mis emociones.

Ella asiente suavemente, pero en seguida entrecierra los ojos y me lanza una mirada inquisitiva.

-Tu cara no concuerda con lo que dices -acusa, señalando mis ojeras.

Yo sonrío, rendido. Me ha atrapado.

Entonces se inclina un poco hacia mí, lo justo para que su voz me roce como un secreto.

-Quiero hablar algo a solas contigo -susurra, y el tono bajo, casi íntimo, me enciende el pulso.

Frunzo el ceño con curiosidad, pero no pregunto nada. Solo asiento en silencio, sabiendo que cualquier cosa que venga de ella tiene el poder de descolocarme.

Varios minutos después, los camareros colocan los desayunos sobre la mesa y todos comenzamos a comer. Durante la conversación, el señor Cox y William nos brindan algunas instrucciones a Liza y a mí sobre las responsabilidades que asumiremos en conjunto. Escucho con atención, aunque una parte de mí apenas puede concentrarse. No es por falta de interés, sino porque la tengo demasiado cerca.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora