Casi sonrío ante el alivio que siento cuando las clases terminan. Me siento más que complacida por eso. Estoy hambrienta, además muero por darme un baño y acostarme a dormir. Recojo mis libros sobre la mesa y camino rumbo a la salida junto a algunos de mis compañeros.
A mi derecha se encuentra Steve un experto jugador de ajedrez, y a mi izquierda está Samuel un fanático de los cómics de Marvel. Steve me cae súper bien; me parece muy simpático, y no puedo evitar reír con cada cosa que dice.
Mi teléfono suena en un momento, y casi me deprimo cuando me doy cuenta que esta es la primera vez que me escriben durante el día. Miro el aparato con la intención de ver el remitente, más frunzo el ceño cuando veo que es un número el cual no tengo registrado.
"Te estoy esperando en el estacionamiento" leo confundida. Más abajo dice "A.S".
No hay que ser un genio para saber de quién se trata.
Me despido de Steve, Samuel y de los demás que venían conmigo, y me dirijo hacia el aparcamiento. Me extraña de sobremanera que Amîr esté esperándome allá fuera cuando se supone que debería estar descansando. Es evidente que es un necio por no respetar las recomendaciones del doctor.
Me fijo en que no hay muchas personas alrededor, pero al menos todo el camino está alumbrado por las potentes lamparas bajo la noche. El sonido de una bocina, la cual no se escucha muy lejos, llama mi atención en cuanto piso el estacionamiento. Veo que las luces de un auto parpadean y sé que ahí me espera el chico de ojos mieles.
—Por qué no me dijiste que ibas a volver? — le pregunto, pacíficamente, cuando subo al asiento del copiloto.
Veo que me mira dentro del vehículo, y me dice que no vio la necesidad de hacerlo. Ruedo los ojos como de costumbre y continuo hablando mientras él se dedica a conducir.
— Deberías estar en reposo... es que acaso se te olvidó lo que te pasó hoy? — le reclamo refiriéndome a su problema del corazón. Es increíble que no pueda ver su irresponsabilidad.
—No. No se me ha olvidado, — dice entre dientes haciéndome entender que no quiere protestas. —Te aseguro que no es para tanto — añade restándole importancia a lo que si la tiene.
Suspiro rendida, y me dedico a estudiar su aspecto físico. Reconozco que luce bastante bien, tiene buen semblante, y al parecer las medicaciones que le proporcionaron en el hospital le hicieron efecto significativo. Aparte de lo ya observado, me percato de que ahora viste diferente. Tiene puesta una camiseta azul oscuro y un pantalón deportivo de color gris, lo que me hace creer que estuvo en su casa.
Cómo es que ya le dan libertad si hace poco lo vigilaban para todo?
—Dónde te apetece cenar? —me saca de mis pensamientos, y me hace esta pregunta de la nada como si en algún momento hubiésemos acordado salir a comer.
"Que ingrata eres" me critica mi subconsciente, pero no me importa.
—No es necesario, Helen me espera para cenar — miento, diciendo algo que alguna vez fue real.
—No seas mentirosa — me reprende de una vez — llamé a tu casa hace unos minutos para conseguir tu número, y tu madre lo primero que hizo fue preguntarme por ti porque no había vuelto a hablar contigo después de que tú y yo dejamos la casa — me mira dándome una sonrisa súper fingida.
Muevo la cabeza sin poder creer como casi siempre me lleva la delantera. Decido entonces no contradecirlo más, y la verdad no sé porqué me niego si al final muero de hambre. De todos modos admito que es un acto de atención bonito que piense en estas cosas.
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Mas de ti ©
RomanceUN FENÓMENO POR DESCUBRIR. Al principio era rabia, era curiosidad... era él. Mudarse a San Francisco era parte de un plan sencillo: estudiar, respirar, seguir con mi vida. Pero entonces apareció él. Hermoso. Intenso. De esos que no piden permiso pa...
