Punto de vista de Liza
Termino de vestir a Sofía lo más rápido que puedo. Faltan 40 minutos para las 12 del mediodía así que debemos llegar al puerto con anticipación. Tomo a mi pequeña hermana por la mano y con la otra libre agarro el pequeño equipaje que le preparé anoche.
Al bajar las escaleras mi padre se lleva las pertenecías de mi hermana para ubicarlas junto con las demás maletas que ya se encuentran en el baúl del auto. Yo por mi parte, me subo al vehículo con la pequeña, mientras espero por Helen, mi padre, e Isabel quien también irá con nosotros.
Respiro profundamente un poco melancólica. Pienso demasiado en Amîr, anhelo tanto ver esos ojos mieles, extraño su presencia, su vibra, su ser, y sus labios. Resoplo angustiada por la situación en la que él se encuentra. Sólo espero que él esté sabiendo manejar la situación y no cometa un disparate que provoque la anulación de su regreso. Cierro los ojos muerta de horror ante esa posibilidad. Amîr tiene que actuar con inteligencia para que pueda aguantar hasta el final.
Tan pronto llegamos al puerto, me bajo del auto y mientras mi padre se encarga de entregarle nuestro equipaje a un bell-boy, yo empiezo a caminar por mi cuenta hacia el área de abordaje dejando atrás a Helen junto a Isabel y Sofía. Me entra una emoción al estar de frente al magnífico crucero, y sin pensarlo mucho, empiezo a andar por las escaleras que me conducen a la entrada de la embarcación.
Una vez dentro del crucero, me quedo con la boca abierta ante tanto lujo. Es increíble la armonía que se respira debido al efecto visual, la melodía que suena de fondo y la exquisita fragancia que mana en este lugar.
Ser la hija de uno de los propietarios del crucero tiene sus beneficios. No necesité ningún tipo de registro o reserva con anterioridad. Mi padre sólo se encargó de entregarme la llave magnética de mi habitación y nada más.
Tomo asiento en uno de los muebles que se encuentran en el vestíbulo, mientras espero al resto de mi familia. Según veo en una señalización, este es el piso número siete, de acuerdo a lo que indica mi llave mi camarote está ubicado en el piso número 12 y es una suite. Cómo no.
Miro hacia al frente de donde estoy en donde se ubica un espejo que me refleja por completo. Debo reconocer que me veo muy bien. Tengo puesto un vestido largo veraniego color amarillo el cual mantienen mis hombros descubiertos.
Rápidamente me pongo de pie cuando veo que mi padre hace su entrada junto a los demás. Camino hacia ellos notando de inmediato la presencia de Támara y su pequeño hijo. Ella me saluda de inmediato, y yo puedo sentir como mis mejillas se acaloran por la vergüenza al recordar aquel momento con su sobrino durante la inauguración. Sin embargo ella actúa de lo más normal y eso me da tranquilidad.
Es extraño no ver al señor Cannon, pero he de suponer que ya debe estar instalado en el crucero. De todas formas me dispongo a preguntar por su esposo por simple cortesía, pero justo en el momento en que voy hablar, lo veo caminar desde el puerto hacia nuestra dirección. Al borde del colapso es la única descripción que puedo explicar para decir cómo está mi corazón al verlo venir. El corazón mío bombardea de una forma feroz, y no! No es por es señor Cannon, sino por la persona que viene con él.
Qué hace él aquí? No se supone que estaría en oriente en este momento. Cuándo llegó? O es que no fue? Lo miro nuevamente para cerciorarme de que no es una alucinación, pero no! Ahí viene con su cabellera negra descuidada, vistiendo una camisa blanca y un pantalón largo del mismo color. Sólo le faltan las alas para poder afirmar que es un auténtico ángel.
Helen de repente me mira intentando ocultar un poco su asombro al verlo. Yo le hago entender como puedo que estoy tan sorprendida como ella y sé que me ha creido porque estoy segura de que mi estado es un tanto evidente.
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Mas de ti ©
RomantikUN FENÓMENO POR DESCUBRIR. Al principio era rabia, era curiosidad... era él. Mudarse a San Francisco era parte de un plan sencillo: estudiar, respirar, seguir con mi vida. Pero entonces apareció él. Hermoso. Intenso. De esos que no piden permiso pa...
