Amîr y yo salimos al pasillo en dirección a las escaleras cuando entonces le pido con mucha educación que no regañe a la empleada por haberme dejado pasar a buscarlo sin haberle avisado. Él rueda los ojos, y por alguna manera entiendo que no lo hará.
La señora está por los alrededores de la sala, y se queda observándonos cuando terminamos de bajar al primer piso. Le ofrezco una discreta sonrisa la cual me devuelve cuando nos encaminamos a la salida. Amîr, como era de esperarse, la ignora completamente como si ni siquiera se hubiese dado cuenta de que ella estaba ahí, aunque sé que si la vio.
Ambos cruzamos la puerta principal, momento en que me quedo pensando que no tengo ni la menor idea de lo que está ocurriendo con nosotros ahora. Estoy confundida porque su reacción de hoy fue distinta al beso de ayer.
Amîr prácticamente huyó. Se marchó de mi habitación sin mirar atrás. Simplemente se fue.
Sin embargo hoy se quedó respirando conmigo, se quedó lo suficientemente cerca como para que yo viera esa grieta breve en su control.
No sé qué significa.
No sé si debería significar algo.
Torres sale del vehículo cuando llegamos afuera. En cuanto Amîr lo ve, le lanza una mirada breve y totalmente inexpresiva. Yo me acerco al chofer para ponerlo al tanto de nuestros planes; primero le pido disculpas por haberlo hecho esperar y luego le explico que tengo algo que resolver con Amîr que no puedo posponer.
Torres me pregunta si mi padre lo sabe que estaré con Amîr, y le aseguro que le avisaré enseguida.
Conforme con mi respuesta, se despide y se sube al auto para marcharse.
Camino hasta el auto de mi enemigo, y me acomodo en el asiento del copiloto mientras él ocupa el volante sin decir palabra.
Busco el cinturón con torpeza, intentando colocármelo con una sola mano, pero antes de lograrlo Amîr se inclina hacia mí y, sin pedirme permiso, me lo quita con un gesto breve para abrochármelo él mismo. El movimiento es eficiente, casi automático y, aun así, demasiado cuidadoso para pasar desapercibido.
Me deja desconcertada la facilidad con la que este hombre cambia de piel. Hace poco me estaba gritando, después echándome de su casa, luego besándome como si se le fuera la vida, mas tarde ofreciéndome una propuesta estúpida, y ahora se comporta como si fuera un caballero.
Amîr enciende el auto poniéndolo en marcha sin tiempo que perder, mientras yo suspiro por toda esta situación tan enredada. Es que ni siquiera sé bien cómo tratarlo bajo estas circunstancias si no tengo claro qué es lo que pasa con él.
—¿Cómo va tu recuperación? —pregunta al cabo de unos segundos, con la vista fija en la carretera. La forma en que lo dice no es cálida, pero tampoco indiferente.
Lo miro de reojo.
—Va bien —respondo, manteniendo el tono neutro.
No le doy más. No le doy el gusto de sonar como si todo estuviera normal después de todo lo que acaba de pasar entre nosotros.
Amîr asiente apenas, pero alcanzo a notar cómo sus dedos se tensan brevemente sobre el volante antes de volver a relajarse, como si mi respuesta le hubiera dicho menos de lo que realmente quería saber.
El reloj del tablero marca las 14:17 cuando el auto se detiene frente a mi casa. El motor queda encendido unos segundos más antes de que Amîr lo apague, y en el silencio que sigue noto algo distinto en él.
No está tenso como antes, pero tampoco está en calma. Hay una inquietud contenida en la forma en que sus dedos permanecen apoyados sobre el volante, como si estuviera pensando demasiado en algo que no termina de decidir.
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Mas de ti ©
RomanceUN FENÓMENO POR DESCUBRIR. Al principio era rabia, era curiosidad... era él. Mudarse a San Francisco era parte de un plan sencillo: estudiar, respirar, seguir con mi vida. Pero entonces apareció él. Hermoso. Intenso. De esos que no piden permiso pa...
