Capítulo 20

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La habitación está en penumbra cuando entro, el aire huele a él, a su perfume, a su presencia y eso me desarma más de lo que debería.

Amîr cierra la puerta detrás de nosotros con un movimiento seco, definitivo. Por un segundo ninguno habla.

Él se mueve entre la luz tenue de la lamparilla sobre la mesita de noche, caminando hasta llegar al interruptor para encender la lámpara del techo. La iluminación blanca invade el espacio, revelando cada rincón de su habitación.

Yo avanzo despacio hasta un estante lleno de libros, necesitaba moverme, hacer algo, cualquier cosa que me ayude a controlar el torbellino que llevo dentro. La habitación es amplia. Demasiado ordenada. Demasiado pensada.

El estilo es contemporáneo, limpio, casi frío. Las paredes blancas reflejan la luz de lámpara que acaba de encender, la cual cae desde el techo como una línea perfecta, minimalista e impersonal.

La cama, perfectamente tendida, está cubierta por un edredón gris oscuro que rompe con la pulcritud del blanco. Sobre el colchón, se encuentran varios libros abiertos, marcados, abandonados a mitad de lectura.

La normalidad del detalle me golpea con fuerza porque reflexiono que mientras yo me estaba deshaciendo, él estaba aquí, leyendo, estudiando, intentando seguir con su vida.

Mi mirada se desliza por la pared detrás de la cabecera.

Hay un mensaje colgando de la pared. Las letras son simples. Directas. Imposibles de ignorar.

"Apariencia de ángel, actos de maldad".

Termino de leer la frase, e inconscientemente parece estar describiendo la misma esencia de Amîr. Está tan vinculada a la personalidad de él que me hace pensar que ese escrito no está colocado ahí por casualidad.

Me doy media vuelta para quedar frente a él viendo que lleva puesto una sudadera de color azul oscuro.

Amîr se aproxima hasta donde estoy, dejando de por medio una distancia calculada. Suficiente para no tocarme. Suficiente para que su presencia me envuelva igual.

El aire entre nosotros vuelve a tensarse, cargado de algo denso.

Sus ojos son imposibles de leer. Demasiado quietos. Carentes de expresión.

—¿Por qué no has contestado mis llamadas? —pregunto finalmente—. ¿Es por lo que pasó ayer? —Mi voz suena firme. Más firme de lo que me siento por dentro.

Amîr se inquieta al momento. Lo noto en el movimiento sutil de su mandíbula, en cómo desvía la mirada hacia un punto inexistente en la habitación, como si pudiera escapar de la respuesta simplemente negándose a mirarme.

Tal vez, para cualquiera, yo parecería una persona insistente, ofuscante por insistir en saberlo todo. Pero esto realmente me concierne.

Esto me atraviesa. Y lo único que busco es que me dé una explicación de lo sucedido, él no puede alborotarme la cabeza e irse así como si nada.

No puede besarme de esa manera y luego desaparecer.

El chico frente a mí me mira y esta vez adopta un semblante agrio.

–Qué pasó ayer? —suelta.

El descaro de su pregunta me golpea directo en el pecho. Siento la sangre subir a mi cabeza, y sin pensarlo demasiado, doy dos pasos cortos hasta quedar frente a él. Demasiado cerca. Cara a cara. Lista para decirle lo que ya sabe.

—Tú me besaste. —mis palabras salen duras. Condenatorias. Imposibles de suavizar.

Por un segundo, su mirada se ablanda ante la mía como si algo dentro de él reaccionara. Pero desaparece igual de rápido. Su rostro vuelve a endurecerse tomando un semblante árido cuando habla.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora