Capítulo 42

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Amîr y yo tomamos asiento en una mesa apartada, en un rincón donde la luz llega con pereza. Cada tanto, destellos de luces de colores atraviesan el ambiente y nos iluminan fugazmente, como si la realidad solo pudiera mirarse por fragmentos.

Ambos vemos a un camarero con intensiones de acercarse, pero antes de que lo haga, Amîr se inclina hacia mí.

—Voy yo —murmura, como si no quisiera que nadie más nos relacione.

Asiento en silencio y lo veo levantarse con naturalidad. Camina hacia la barra con ese aire seguro que lo acompaña siempre, sabiendo que, si alguien llega a reconocerlo, al menos solo lo habrán visto a él. Es su forma de protegernos, discreta pero clara.

La música es envolvente. Varias parejas bailan al ritmo de Love on the Brain de Rihanna, y hay algo en el ambiente que me toca. No sé si son ideas mías, pero siento que este sitio está cargado de gestos, de historias entre parejas que se viven sin miedo. Como si aquí todo el mundo viniera a decir lo que afuera no se atreve.

Todos parecen entregarse sin reservas. Todos… menos Amîr.

Mientras observo a la gente bailar, mi celular vibra suavemente sobre la mesa. Lo tomo casi por instinto. Es un mensaje de Amîr.

“¿Qué quieres tomar?” dice, corto y directo, como él.

Sonrío levemente ante el detalle, esa forma de ser precavido incluso en lo simple. Tecléo rápido mi respuesta.

“Vodka. Solo uno. Gracias.”

Poco después, lo veo regresar con dos vasos en mano. Deja uno frente a mí, y al notar que el otro también es vodka, no puedo evitar sonreír.

—¿Te vas a sacrificar? —comento, divertida.

Él ladea una sonrisa mientras se sienta.

—Solo por esta noche —me sigue la corriente, con tanta naturalidad que por un momento casi le creo.

Tomamos un primer sorbo casi al mismo tiempo, sin apartar la mirada de la pista de baile. El silencio entre nosotros no es incómodo. Es como si todo lo que no decimos estuviera flotando en el entorno de las parejas que si lo hacen en esa pista.

—¿Quieres bailar? — Amîr llama mi atención con su propuesta.

Niego suavemente con la cabeza, una vez desvío mi atención hacia él.

Prefiero quedarme aquí, en esta burbuja que hemos construido sin decir mucho.

Entonces, sin decir nada más, extiende ambas manos a lo largo de la mesa y toma una de las mías envolviendola de la forma mas dulce. Ese gesto, simple pero cargado de intención, me llena de pensamientos y emociones que no sé cómo manejar.

Me quedo mirando nuestras manos, incapaz de apartar la vista. Sus dedos trazan caricias suaves sobre el dorso de mi piel, tan sutiles que parecen hechas de aire, pero aun así logran sacudirme por dentro.

Con una tranquilidad casi experta, Amîr entrelaza nuestros dedos, como si siempre hubieran encajado así. Y en ese instante, nuestras miradas se cruzan.

Hay algo en sus ojos que me hace temblar. Como si por un segundo compartiéramos el mismo sentimiento. Pero solo por un segundo. Porque yo sé que lo mío sí es real.

Si, sé que provoco algún tipo de sensación en Amîr, pero jamás podría asemejarse a lo que siento yo por él.

—Ven —dice de pronto, poniéndose de pie sin soltar mi mano.

Me dejo llevar sin oponer resistencia. Nos abrimos espacio entre las personas que bailan como si ambos lo hubiésemos acordado. Todavía no ha soltado mi mano, y esa conexión silenciosa me estremece más que cualquier palabra.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora