Valerme de mis influencias para conseguir lo que quiero nunca ha sido parte de mi naturaleza, pero la incertidumbre que siento por Amîr me tiene al borde del colapso. Saber que está en el mismo crucero y no haberlo visto en todo el día me resulta insoportable.
No es fácil conseguir lo que quiero, pero llevar el apellido Cox tiene sus ventajas. Tras una breve conversación cargada de insinuaciones y sonrisas tensas, obtengo la información. Amîr está en una suite cinco puertas más abajo de la mía. Ironías del destino.
Ahora estoy aquí, parada frente a su puerta. El corazón me late con fuerza, la adrenalina me nubla el juicio. Desde nuestro viaje a Ohio, las cosas han sido extrañas entre nosotros. Su distanciamiento, su beso repentino durante la fiesta... todo es un torbellino.
Disimuladamente me quedo observando a un chico del servicio mientras se acerca y me sorprendo cuando veo que se detiene justo en frente de la puerta de Amîr tocando la puerta de inmediato. Pasan muy pocos segundos cuando dicha puerta se abre, y me considero afortunada cuando alcanzo a escuchar.
-Aquí está su pedido, señor - dice el chico mientras espera a que le den la orden de pasar.
-Espere un momento, por favor - reconozco claramente la voz de Amîr, y siento un subidón en mi pecho ante la emoción que me invade.
Inmediatamente intento calmarme. Necesito hacer algo para poder hablar con él, y me convenzo de que esta es una oportunidad que no puedo desaprovechar.
-Disculpa -le digo al camarero con amabilidad, dando un par de pasos hacia él. Me aseguro de mantener una expresión serena, como si todo fuera parte de un plan bien pensado-. ¿Esa cena es para el señor Amîr Salem?
-Sí, señorita -responde con cortesía, bajando un poco el tono de voz al reconocer mi presencia-. Está asignada a la suite 1217.
-Perfecto -asiento con una sonrisa agradecida-. Justamente iba a pasar a saludarlo. ¿Podría hacerle yo misma la entrega?
El camarero parece dudar por un momento, observando primero la bandeja y luego mi rostro. No le presiono. Solo lo miro con gentileza, transmitiéndole calma y confianza.
-Es solo una visita rápida -añado-. No quiero interrumpir su descanso.
-Ah, entiendo -dice al fin, relajando los hombros-. Supongo que no habrá problema. Si gusta...
-Gracias -lo interrumpo antes de que termine, tomando con suavidad el control de la mesa rodante.
Justo entonces, escuchamos la voz de Amîr desde adentro de la habitación:
-Ya puede pasar -anuncia, sin saber aún que no es el camarero quien se aproxima.
Aprovecho el momento. Le dedico una mirada de agradecimiento al joven del servicio, quien asiente sin decir nada más, y me permite avanzar.
Empujo la mesa rodante con lentitud, conteniendo la respiración como si eso pudiera apaciguar los latidos acelerados de mi corazón. Apenas cruzo el umbral de la suite, el lujo del lugar me envuelve como un perfume elegante, pero no tengo cabeza para fijarme en detalles. No veo a Amîr, aunque lo siento. Su presencia es como un pulso que vibra en el aire.
Cierro la puerta con suavidad, casi en cámara lenta, y me obligo a no salir corriendo.
—¿Qué…? —su voz me sorprende, cargada de incredulidad.
Me doy vuelta, y allí está. De pie, a unos pasos de mí, con el cabello húmedo cayéndole despreocupado sobre la frente, vestido con pantalones de pijama y una camiseta blanca que aún conserva el vapor de la ducha. Tiene la expresión de alguien que acaba de despertar de un sueño extraño y no sabe si sigue dormido.
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Mas de ti ©
RomansaUN FENÓMENO POR DESCUBRIR. Al principio era rabia, era curiosidad... era él. Mudarse a San Francisco era parte de un plan sencillo: estudiar, respirar, seguir con mi vida. Pero entonces apareció él. Hermoso. Intenso. De esos que no piden permiso pa...
