Amîr y yo llegamos a un pequeño establecimiento de comida tailandesa, en el cual ordenamos pad thai un plato hecho a base de tallarines de arroz con huevos, salsa de pescado, pasta de tamarindo, entre otros ingredientes que no viene al caso mencionar.
Mientras esperamos por nuestra cena, nos quedamos sentados en nuestra mesa consintiendo el silencio que se interpuso en el ambiente.
Al observar a Amîr percibo que está un tanto inquieto y al buscar en mi mente un motivo para que esté así, lo único que me llega a la mente es el tema que tenemos pendiente. Tema que no puede pasar de esta noche.
–No crees que ya deberíamos de hablar respecto a lo de tu propuesta? – tengo la osadía de decirle al chico frente a mí quien ahora acapara toda mi atención.
Él aprieta los labios por unos segundos como si estuviera inseguro de hablar de esto, de repente resopla y habla.
–Bien. Dime lo que has decidido – dice con firmeza a la espera de mi respuesta inminente.
Admito que me impacienta un poco cual vaya a ser la reacción de Amîr en estos momentos, porque soy consciente de que mi decisión podría causar estragos en su conducta. Respiro hondo antes de articular palabra.
–No me puedo casar contigo, Amîr – suelto sin mareos – entiendo tu punto de que si nos casamos ya no tendrías que hacerlo con la tal Sahira, pero yo no puedo sacrificarme por esa causa – le digo con el tono más suave que puedo utilizar.
Tras escuchar lo que dije, Amîr se queda en silencio sin mostrar alguna emoción en su rostro. Quiero decirle algo más, pero las palabras no me salen, quizás porque en realidad no sé qué debería decirle en este caso.
Pasan unos segundos más cuando el camarero llega con nuestra orden, y una vez se retira, Amîr empieza a comer sin hacer el más mínimo comentario. El entorno se vuelve incómodo en estos momentos y es ahí cuando quisiera salir de aquí dejándolo solo porque no sé porqué presiento que lo que se avecina no será bueno. De todas formas que se joda! No puede obligarme a casarme con él.
Tan pronto ambos terminamos de comer, Amîr llama para pagar la cuenta y tan pronto lo hace se levanta del asiento camino a la salida. De inmediato me pongo de pie para ir detrás de él, sé que está inconforme con mi decisión, pero por eso no debe ser tan desconsiderado e irracional.
–Te vas a portar así conmigo ahora? Porque te dije que no? – me atravieso en su camino y ese solo me mira como si literalmente no quisiera verme.
–Entra al auto – dice entre dientes en un tono bastante agrio.
–No puedo creerlo – le digo mirándole con desconcierto – Eres el mismo egoísta que conocí en un principio. Todo tiene que girar en torno a ti y los demás que se vayan al infierno – le digo a lo que él me responde quitándose de mi frente para irse dentro del auto.
Una vez sola, cierro los ojos por unos segundos reteniendo las lágrimas que se empecinan en salir. Me muerdo el labio ante lo que pueda salir de mi boca y tras unos segundos de respirar profundo, camino hacia el auto en total silencio. No diré nada más porque es evidente que su humor no es de los buenos.
Amîr enciende el auto tan pronto me pongo el cinturón de seguridad. Pone el vehículo en marcha y avanza en dirección al camino que lleva a mi casa. Durante todo el trayecto hacia mi residencia ningunos de los dos decimos algo. El ambiente es tan tenso que me alegra darme cuenta que estamos próximo a la propiedad de mi padre.
Sin mediar palabra, salgo del auto molesta por la insensatez de este chico. De inmediato me percato como Amîr también sale del vehículo para venir detrás de mí con la intención de alcanzarme. Su mano derecha hala una de las mías de un solo tiro haciéndome girar frente a él. En eso no soy lo suficientemente hábil para evitar que sus labios impactaran con los míos porque para ser honesta, no contaba con esto ahorita. No entiendo porqué le nace besarme. Amîr se ha motrado molesto conmigo desde que le dije que no estoy dispuesta a aceptar ese disparate de casarnos, así que su accionar no va acorde a la lógica.
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Mas de ti ©
RomanceUN FENÓMENO POR DESCUBRIR. Al principio era rabia, era curiosidad... era él. Mudarse a San Francisco era parte de un plan sencillo: estudiar, respirar, seguir con mi vida. Pero entonces apareció él. Hermoso. Intenso. De esos que no piden permiso pa...
