Capítulo 19

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La imagen de lo que pasó en esta habitación me embiste de manera intrépida. Suspiro una vez que mi mente se deja llevar otra vez a ese momento de éxtasis con Amîr.

Mi pecho se contrae con esa mezcla peligrosa entre anhelo y confusión.

Paso una mano por mi cabello, agotada. Agotada de pensar. Agotada de intentar entender por qué lo hizo. Por qué me besó así… como si estuviera luchando contra algo y al mismo tiempo rindiéndose por completo.

Nadie… absolutamente nadie… me había besado de esa manera.
Como si en ese contacto se estuviera jugando algo más grande que nosotros dos.

El reloj marca las 7:15 AM

El sonido seco del segundero me arranca de ese recuerdo como si me sacaran de un sueño demasiado real. Tomo el teléfono casi por reflejo y veo varios mensajes de Nancy.

Los leo rápido.
Le respondo rápido.

"Estoy bien". Le escribo, y esa mentira me sabe amarga incluso antes de enviarla.

Le mando una selfie, sonriendo demasiado, forzando una felicidad que ni siquiera logro sostener mientras tomo la foto. Sé que ella se siente culpable por lo que pasó… porque yo iba para su fiesta cuando pasó el accidente.

Ayer por la tarde intenté ahogarme en la normalidad. Llamé a un compañero para pedirle los apuntes de la clase que no pude tomar. Me obligué a estudiar, a concentrarme, a fingir que mi cabeza no repetía una y otra vez el recuerdo de la presión de su boca, el calor de su piel, la forma en que su respiración se rompía contra la mía.

Por la noche le dije a papá que hoy iría a clases. Que no quería restricciones. Que necesitaba volver a mi rutina, y gracias a Dios apoyó mi decisión, agradecí que no hiciera más preguntas.

Preparé todo para esta mañana con una precisión casi mecánica. Como si ordenar mis cosas pudiera ordenar también el caos dentro de mí.

Mi mano sube sola hacia mis labios. Los rozo con suavidad. Y el recuerdo vuelve porque lo tengo ahí en mi cabeza precionandome todo el tiempo.

Mi estómago se aprieta. Mi pecho se acelera. Y de repente… algo dentro de mí se rompe.

Es algo más crudo. Un arrebato. Una necesidad. Un coraje que nace desde un lugar que ni siquiera sabía que existía en mí.

Antes de poder pensarlo demasiado, tomo el celular. Mis dedos se sienten torpes mientras desbloqueo la pantalla, como si mi propio cuerpo dudara de lo que estoy a punto de hacer. Busco su nombre entre mis contactos y, cuando lo encuentro, me quedo mirándolo un segundo de más, sintiendo cómo mi pulso se acelera.

Antes de que pueda arrepentirme presiono llamar. 

El sonido del tono retumba en mi oído y también dentro de mi pecho. Me quedo esperando en línea sin tener realmente claro qué voy a decirle. Intento construir frases en mi cabeza, posibles preguntas, posibles reproches, posibles excusas… pero todo se desarma.

Al final entiendo que no importa lo que yo diga. No importa si sueno ridícula, vulnerable o desesperada. Solo quiero una explicación. Solo quiero entender qué fue eso entre nosotros.

El tono sigue sonando.
Uno.
Dos.
Tres.

Mi paciencia se tensa junto con mi respiración. Hasta que la voz automática de la operadora irrumpe, fría, impersonal y definitiva.

Corto de inmediato, con un movimiento brusco, sintiendo una punzada de frustración que me quema por dentro.

Una idea incómoda se instala en mi mente. Tal vez no quiere hablar conmigo. Tal vez está evitándome.

Mas de ti ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora