A veces pienso que todo lo que me pasó tuvo que ser por alguna razón. Pero no creía en el destino, ni en héroes, ni en profecías que suenan a fantasía. Solo era yo, Daniel Miller, un chico normal que intentaba regresar a una vida que parecía perdida...
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Bien hablemos un poco de lo que sucedió este fin de semana, fuimos secuestrados por gente desconocidas. Aún no sabemos qué quería, pero si estamos seguros que me querían a mí por razón.
Ahora nos encontramos acomodando las pistas, Iván está en la ciudad, en la oficina, manteniendo el orden en la ciudad. Mi padre fue a casa a terminar de limpiar y ordenar. También dijo que me traía una sospresa.
John seguía algo perdido, aún miraba la pared, que ha mirando por horas. Yo traté de dar un significado a las palabras que me dijo él.
Y no sólo eso, estaba perdido en pensamientos sobre los recuerdos, mire muchas cosas. Vi parte del accidente, de lo que sucedió después.
Ellos iban a regresar en la noche, nosotros... Bueno teníamos que tratar de averiguar dónde nos tenían, mi padre solo los había seguido, pero no se sabe que hay en ese edificio.
Suspiré del cansancio y mire a John, seguía igual. Tenía que hacer algo para animarlo. Me levanté y me acerque a él, le toque el hombro y al hacerlo este se asustó, tomó mi brazo y le lanzó sobre la mesa de madera de enfrente.
Terminé rompiendo la mesa con mi peso y gruñi de dolor, John se acercó y puso sus manos alrededor de mi cuello, me estaba asfixiando. Pataleé para que me soltara, pero él tenía una fuerza tremenda.
Mire sus ojos, no eran sus verdes habituales. Eran de color blanco, como si no tuvieran vida. Intenté patearlo con todas mis fuerzas, pero él apretaba más fuerte.
Me estaba quedando sin aire, me iba a desmayar o matar. Tenía que hacer algo. Levante mis dedos y se los clave en sus ojos, lo siento John. Éste me soltó y se alejo de mi, tocandose ambos ojos.
Yo por otro lado comencé a toser, tratando de recuperar el aire perdido. John alejo sus manos de sus ojos y me miró confundido.
—¿Daniel? ¿Qué haces en el suelo? —preguntó él. Yo traté de levantarme, pero Dios, como dolía mi espalda.
—¿Me... Me puedes ayudar por favor? Creo que me jodiste la espalda, John.
—Oh claro —me tendió la mano y la agarre, con su fuerza me levantó de golpe y perdí un poco el equilibrio, casi me caigo de no haber sido por John.
—Opa, tranquilo. Ya estas —me ayudo a sentarme en el sillón—.¿Qué hacías en el suelo?
—Si te digo que fuiste tu el que me lanzó y luego me trato de asfixiar para no se... Matarme o dejarme inconsciente... ¿Me creerías?
—Eh... Estoy perdido Daniel. ¿Me estas diciendo que es culpa mía todo esto?
—Si, técnicamente. Tus ojos John, tus ojos no eran verdes cuando me atacaste, eran blancos.
—¿Cómo...?
—Aún no lo sé, pero tenemos que averiguar eso.
—¿Qué nos hicieron en ese lugar? —puso sus manos en su cabeza.