A veces pienso que todo lo que me pasó tuvo que ser por alguna razón. Pero no creía en el destino, ni en héroes, ni en profecías que suenan a fantasía. Solo era yo, Daniel Miller, un chico normal que intentaba regresar a una vida que parecía perdida...
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Fuimos directamente hacia la sala secreta en la que Reyes ha estado trabajando todo este tiempo y que jamás nos dijo que había dentro, pero yo sabía perfectamente que era lo que había allí. Puse la clave en el panel de control, Steve me miró con una ceja alzada.
—¿Qué? —pregunté—, Reyes siempre se asegura que ninguno entre.
—¿A y tú si?
Me encogi de hombros.
—Se algunas cosas, siempre lo consigo.
—Vale, haré como que te creo.
Sonreí negando y puse la clave, luego esta hizo un pequeño click y la puerta se abrió, miré a Steve y asenti, ambos entramos a la sala y la puerta se cerró detrás nuestro. Automáticamente las luces del lugar se encendieron y pudimos observar con asombro lo que Reyes tanto escondía en esa habitación, era totalmente nuevo a todo lo que habíamos visto.
—Esto es genial.
—Lo es —seguí a Steve con la mirada y ambos avanzamos por el lugar, pero yo fui directamente hacia uno en especifico. Al llegar a la vitrina, allí se encontraba mi traje, desde la última vez que me lo puse, este estaba lleno de sangre y rasguños, no me lo he vuelto a poner, hasta ahora. Pero esta vez, Reyes le hizo algunas configuraciones y le agrego más cosas.
—Si Reyes se entera de que estamos aquí sin su permiso, estamos muertos.
—Ni me lo recuerdes.
—Oh, pero yo se los voy a recordar muy bien, cuando estén muertos —dijo una voz detrás de nosotros, ambos nos miramos y tragamos saliva, ahora si estábamos muertos.
—Reyes, ¿qué tal? —saludó Steve con toda la inocencia del mundo.
—¿Qué hacen los dos aquí?
—¿Tomando un tour? —Reyes se cruzó de brazos y me miró con la ceja alzada.
—¿En serio? —preguntó—, ¿es lo mejor que se te pudo inventar?
—Eh, ¿si?
—Vamos, los dos afuera, ahora —ordenó Reyes—, no se discute.
Steve me miró y bajó la cabeza, teníamos que hacer algo.
—Reyes...
—Sin discutir, Daniel. Vamos, afuera ya.
—Vale, pero antes déjanos decirte por qué estábamos aquí.
—Lo dudo, debe de ser cualquier cosa y la respuesta es no.
—¿Recuerdas a las personas secuestradas en el Acuario London? —empezó Steve, mientras caminábamos hacia la salida de la habitación.
—¿El cual Yu Chan atacó?
—Exactamente.
—Claro que lo recuerdo —respondió—, ¿por qué la pregunta?