A veces pienso que todo lo que me pasó tuvo que ser por alguna razón. Pero no creía en el destino, ni en héroes, ni en profecías que suenan a fantasía. Solo era yo, Daniel Miller, un chico normal que intentaba regresar a una vida que parecía perdida...
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Volví abrir los ojos, y está vez me sentía mejor. Giré mi cabeza para ver si estaba mi padre, pero esta vez estaba mi madre y a su lado estaba Luz, bueno y un montón de gente chismosa. Entre ellos: Stella, Connor, John, Reyes, Dante, Castiel, Valentina, Esperanza, Noah y Steve. ¿Cómo rayos les dejaban estar a todos aquí? Creo que jamás llegare a saber la respuesta.
Suspiré y moví mi mano, esta vez ya no me dolía y me sentía más liviano, el cuerpo ya no me pesaba. Me quité el respirador y con la garganta seca hablé.
—¿Es que ahora todos me visitan? —pregunté, todos me miraron sorprendidos—, ¿no se supone que solamente tres personas pueden estar aquí? ¿En serio, que les pasa?
—Pero miren quien despertó —sonrió John—, el chico loco. ¿Cómo te sientes Dan?
—Mejor de lo que pensaba, pero un poco cansado. ¿Ustedes cómo están?
—Estamos mucho mejor si eso responde tu pregunta.
Sonreí y luego miré a mi madre, ella me miraba con lágrimas en los ojos.
—No tienes por qué disculparte, cielo. Estás bien y eso es lo que importa.
Ella se levantó de la silla y se acercó a mí, tocó mi mejilla y luego me abrazó, para al final darme un beso en mi frente.
—Te quiero, Daniel.
—Y yo a ti, mamá.
—Debo avisarle al doctor para que sepa que estás despierto y que te revise para que todo esté bien.
—Aquí estaré.
Ella asintió y se retiró de la habitación, dejándome solo con mis amigos, los cuales algunos me miraban felices y otros tristes. Steve estaba apartado de todos, al parecer todavía le costaba mucho llevarse con ellos.
Me moví en la cama y me senté en ella y estiré un poco mis brazos, estar todo el tiempo acostado ya me cansaba.
—Oigan, ¿cómo siguen los demás? —pregunté, ellos se miraron—, ¿algunas noticias?
—Nada aún —respondió Stella—, solamente que Bryan y María han despertado. Los demás siguen igual.
—Vaya, y yo creí que ya estarían despiertos. ¿Saben dónde está mi padre?
—Según escuche de tú madre, sigue trabajando.
—Que pereza, ya quiero salir de aquí.
—Todos queremos salir de aquí.
Espera un momento, los conté a todos... ¿Dónde está...?