Alas de Algodón

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Nunca le había ocurrido algo como eso.

Estaba explorando la zona, simplemente eso. Volaba por los alrededores para verificar que nadie estuviera escondido por ahí, planeando emboscarlo a él y a sus amigos. Sabía que Ruby se lo había ordenado nada más para dejar tranquila a Brainy, que en verdad no había nadie realmente peligroso que los estuviera esperando.

Y sorpresa, no había nadie. Quizás unos cuantos entrenadores y pokemon salvajes en la hierba alta, pero ninguna verdadera amenaza. No, nada. Satisfecho, Birdy se preparó para regresar, cuando posó sus ojos en una extraña criatura.

Más o menos a su altura, varios metros más allá, un pokemon volaba a su lado. Birdy se paralizó, anonadado por el color dorado de sus plumas. Sus alas eran esponjosas y blancas como las nubes, y su forma de volar elegante y suave. Más importante, ella lo miraba a él casi con la misma sorpresa.

Entonces Birdy se dio cuenta de esto, y trató de sonreírle, pero ella hizo una mueca de susto.

—¡No, rayos!— exclamó en su mente, pensando que su aspecto amenazador la habría espantado, pero en eso chocó con las ramas de unos árboles.

Para cuando se dio cuenta que había volado directamente hacia una zona boscosa, Birdy ya se encontraba cayendo, rasmillado y magullado. Finalmente se golpeó con el suelo, desde donde intentó divisar a aquella pokemon dorada, pero ya no se encontraba en el cielo.

—Quiso advertirme— comprendió— Rayos, quedé como un tonto.

Con su orgullo pisoteado, regresó lo más rápido que pudo hacia Ruby. Pero por más que quiso, no logró quitarse la imagen de aquella muchacha tan agraciada y bella. Quería conocerla, quizás eso era todo. Quería saber quién era, hablarle y volar a su lado.

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—¿No necesitas ayuda?— le preguntó Ruby, apenas salieron del sistema de almacenamiento.

—¿Qué?— se extrañó Birdy— No, para nada. Es solo algo que quiero investigar.

—De acuerdo, pero ten cuidado.

—Sí, hasta pronto.

Birdy salió de la casa de Lanette tan rápido como pudo, las ansias lo comían por dentro desde aquel momento en que la vio.

En ese instante se dirigió a la hierba alta... y ahí se detuvo ¿Dónde la iría a buscar? ¿Y si pertenecía a un entrenador pokemon que ya se había ido? O peor ¿Y si había sido capturada durante el período de tiempo en que él había estado ausente? Esas posibilidades hicieron flaquear a Birdy, pero pronto se sacudió esos pensamientos de la cabeza. Fuera como fuera, tenía que encontrarla.

Sin perder más tiempo, levantó vuelo para buscarla desde un punto alto. De esa forma podría abarcar toda la zona de la hierba con su mirada aguda.

—No puede haber ido muy lejos— se dijo.

Buscó en el fondo, pero no consiguió ver mucho. Luego se dirigió hacia la falda de la montaña que crecía ahí mismo, donde había un montón de entrenadores, pero Birdy no tenía tiempo para ellos. Volvió a buscar hasta que, de repente, un punto amarillo pasó por el costado de su ojo.

—¡Ahí!— exclamó, mientras giraba su cabeza.

Para su alegría, la encontró justo ahí. Yacía en el suelo rocoso, a varios metros del fondo. Pero ¿Qué era eso? Un pokemon de aspecto peligroso se le acercaba, y ella parecía querer escapar.

—¡No te dejaré!— Birdy se arrojó hacia ellos en picada, justo para embestir al Zangoose con todas sus fuerzas.

El pokemon de afiladas garras se golpeó contra las rocas por el impulso, mientras Birdy aterrizaba sano y salvo frente a la muchacha dorada.

Esclavos de HoennDonde viven las historias. Descúbrelo ahora