Cuatro años antes de que Ruby comenzara su viaje, en una pequeña isla en Kanto, una Robin de 17 años trabajaba de camarera en un pequeño restaurante junto a la playa. Era una mañana cálida y pacífica. Parecía que nada iba a ocurrir, cuando entró un pokemon por la puerta.
Robin se dirigió a espantarlo, seguramente quería robar comida, pero al acercarse a él y verlo de cerca, advirtió que se trataba de un Wingull.
—¿Un Wingull?— se extrañó ella.
Como se encontraban bajo la mirada de su jefe, sus compañeras meseras y los pocos clientes que se levantaban a esa hora, Robin tomó al pokemon de la mano y se lo llevó consigo hacia afuera.
—¿Qué hace un Wingull en Kanto?— le preguntó, mas al hacerlo advirtió que el joven pokemon se veía exhausto.
—Vengo de parte del maestro Stone, señorita. Me dijeron que la encontrara a usted— desde su bolso extrajo una foto de ella y una carta— Me pidieron que entregara esta carta cuanto antes. También puedo llevar una respuesta, si así usted lo quisiera.
Robin examinó la carta. En una esquina aparecía el nombre de su padre, y al otro lado el de ella. Sin esperar, la abrió y la desplegó para leerla.
"Hijo mío:
Aunque nuestra despedida no fue la más afectiva, quisiera hacerte saber que te quiero y que espero que algún día te recuperes de esa enfermedad que te alejó de nosotros.
Tu hermano y tus amigos también se sienten tristes por tu partida, pero todos entienden que tu ausencia es un mal necesario.
Te envío dinero para que vivas decentemente.
...
PD: Tu amiga se veía destrozada por las noticias, aunque entiende que hicimos lo correcto al expulsarte de Hoenn. Eres más afortunado de lo que piensas, Robin. Tenlo en cuenta."
Después de leer la carta, Robin la arrugó y la arrojó a un basurero cercano a la entrada del restaurante. Luego agarró al Wingull por el cuello y lo obligó a mirarla a los ojos.
—Quisiera mandarle un mensaje a la oficina de correos— entonces le pasó la fotografía de sí misma— Si vuelvo a recibir una carta, asesinaré al cartero y a todos los pokemon de su especie que me encuentre ¿Entendido?
El pokemon, aterrado, asintió sin decir nada.
—Bien— Robin le pasó el sobre con el dinero que su padre le había mandado— Ten, por las molestias.
—/—/—/—/—/—
—¡Altaria, usa Dragoaliento!— exclamó Winona.
Inmediatamente la aludida apuntó con su boca abierta hacia un lastimado Corphish y expulsó de su boca una poderosa ráfaga de llamas azules. El pokemon de agua se cubrió con sus acorazados brazos, pero ni eso lo protegió de la potencia del ataque de su oponente.
La batalla había acabado en menos de un minuto. El entrenador del Corphish lo regresó a su pokebola, y con ojos llorosos miró hacia la líder de gimnasio.
Esta se le acercó, atravesando la arena de batalla. Tenía ojeras por la falta de sueño y exceso de trabajo. Miró la cara triste del niño con pena, pero también se sentía alegre y enfadada.
—Tus pokemon y tú necesitan mejorar para vencerme— le espetó.
—Pero... pero...— quiso alegar el muchacho, frustrado.
—Pero nada. Mañana tendrás otra oportunidad de luchar contra mí, aunque no te recomiendo volver hasta que logres dominar un par de ataques más fuertes que los que tienes. Entrena duro junto a tus pokemon, y quizás algún día te entregue esto— le mostró una medalla con forma de ala entre sus dedos, y luego se la guardó en la bolsa de medallas que llevaba consigo.
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Esclavos de Hoenn
Fanfiction*AU donde los pokemon tienen forma humanoide y pueden hablar. Al momento de mudarse, Ruby cree que los pokemon no deberían tener que hacer lo que sus amos humanos les dicen, así que decide cambiarlo. Esta es una versión alternativa de los eventos en...
