*Polerón: Sudadera
...
Era de noche en el hospital de ciudad Malvalona. Robin entró por la puerta del frente, sus elegantes ropas cubiertas por un abrigo gastado de color café para pasar desapercibida. Había mucha gente esperando turno, las enfermeras ocupadas en atender a los pacientes. La muchacha miró por todos lados, hasta que encontró los ascensores. Caminó hacia ellos, pero en vez de esperarlos abrió la puerta de las escaleras y se marchó por ahí.
Corrió hacia arriba, apresurada. No sabía hasta qué punto Cops estaría pisándole los talones, y en verdad no quería quedarse a averiguarlo.
En diez segundos llegó al quinto piso, se recostó contra la puerta y contuvo la respiración un momento para oír lo que se encontraba al otro lado. Transcurrieron varios latidos sin que escuchara nada, por lo que abrió.
El pasillo se encontraba iluminado. Justo frente a ella, una enfermera la miraba sorprendida, quizás se había asustado por sentir que alguien abría la puerta de las escaleras en el preciso instante en que ella pasaba por ahí.
—¿La... ¿La puedo ayudar en algo?— le preguntó la enfermera.
Robin sintió que se le caía el corazón. No había preparado una mentira, y las horas de visita ya se habían acabado. No tenía razón para estar ahí, y mientras más se demorara, la enfermera más sospecharía de ella. El peor escenario ocurriría cuando aquella enfermera se diera cuenta de que una de las dos no debía estar ahí y comenzara a gritar.
—Si quiero evitar eso, tengo dos opciones— pensó Robin— La primera es decirle una mentira, pero dudo que pueda inventar una convincente ahora mismo. La segunda opción es...
Miró hacia ambos lados del pasillo. Había poca gente, solo un par de enfermeros conversando a varios metros. Podía oír a otras dos mujeres también enfrascadas en una discusión, pero desde donde estaba no podía verlas.
Rápidamente estiró un brazo hacia la enfermera que tenía en frente, la agarró del cuello y la tiró hacia las escaleras, fuera de la vista de los dos hombres. La enfermera, asustada, intentó gritar, pero en ese momento Robin le tapó la boca con una mano, se paró detrás de ella y le giró el cuello en un ángulo imposible de sobrevivir.
Luego la depositó en el suelo con cuidado, sin hacer ruido, y prosiguió a desvestirla para ponerse su ropa. Le quedó un poco holgada, dado que la mujer era más alta y ancha que ella.
Volvió a abrir la puerta, esta vez un poco más despacio que antes. Al parecer nadie había notado la ausencia de la enfermera que había matado. Sin perder tiempo, recuperó el aliento para no parecer sospechosa y comenzó a caminar por el pasillo.
Tuvo que pasar bajo el rango de vista de la secretaria en el recibidor y el de las enfermeras hablando al lado, pero ninguna pareció notarla. Nerviosa, llegó a la otra parte del pasillo, desde donde podían verse los números de algunas habitaciones. Luego giró en una esquina, el pasillo continuaba hacia su derecha. Desde ahí logró ver la habitación a la que necesitaba entrar, pero también advirtió que un guardia se encontraba en la puerta. No parecía realmente peligroso, solo una formalidad, dada la importancia del paciente de aquella habitación.
Robin sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no se mostró más que calmada. Tenía que introducirse en su personaje. Decidida, avanzó hacia el guardia.
—Déjeme pasar, por favor.
El guardia era anciano y un poco obeso. La miró detenidamente por un momento, pero no le tomó mucho hacerse un lado.
—¿El señor Stone está tan mal?— inquirió, mientras Robin agarraba la perilla de la puerta.
—¿Ah? No, no es eso.
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Esclavos de Hoenn
Fanfiction*AU donde los pokemon tienen forma humanoide y pueden hablar. Al momento de mudarse, Ruby cree que los pokemon no deberían tener que hacer lo que sus amos humanos les dicen, así que decide cambiarlo. Esta es una versión alternativa de los eventos en...
