Era un día soleado, como siempre. El cielo azul cubría ciudad Petalia y le otorgaba un brillo fresco. El gimnasio se erguía mucho más alto y robusto que los edificios alrededor, con su techo amarillo opaco reflejando molestamente los rayos del sol. La gente paseaba junto a él sin preocupaciones. La reciente noticia de que el líder del gimnasio había capturado al peligroso terrorista que había causado tantos estragos por la región continuaba pasando de boca en boca, con orgullo de su ciudad y del fuerte y valiente Norman. A nadie le sorprendería que este llegara a formar parte del Alto Mando, o incluso convertirse en el campeón de Hoenn algún día.
Smoky miraba a la gente desde el techo, preguntándose cuándo reaccionarían ante la calamidad que, esperaba, aconteciera no mucho después ¿Cómo se verían sus caras? ¿Alguno de ellos saldría lastimado? ¿Alguno de ellos tendría un familiar en el gimnasio pokemon?
Se sacudió la cabeza. No le servían ese tipo de pensamientos, y aunque no le gustara lo que estaba a punto de hacer, no tenía de otra. Se dio vuelta, y se encontró a sus tres compañeras; Fiercy, Kitten y Brainy. Los cuatro sabían qué hacer, los cuatro estaban unidos por una causa y no tenían de otra sino llevarla a cabo. Las miró a los ojos, y advirtió el mismo miedo que él. Supuso que debía decir algo antes de empezar.
—Quien quiera retirarse en este momento, es libre de hacerlo.
Ninguna dijo nada. Fiercy se cruzó de brazos. Smoky se esperó una broma de parte de ella, pero no oyó nada. Se dio cuenta que estaba muy nerviosa como para bromear al respecto.
Solo faltaba dar la orden para comenzar. Smoky abrió la boca, pero entones le faltó el aire, y en un impulso alargó sus brazos para abarcar a las tres al mismo tiempo y estrecharlas contra su pecho. No quería terminar la misión y que alguna de ellas ya no estuviera. Ellas comprendían, se sentían de la misma manera, por lo que correspondieron el abrazo.
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—¿Qué te pasó en el ojo?— le preguntó ella.
Él sonrió. Comprobó que en un par de días había logrado ganarse la confianza de aquella nueva pokemon. Ya no le temía, solo se mostraba reservada. El chico comenzaba a pensar que era así por naturaleza. En verdad su compañía había sido de gran ayuda en esa triste celda. Con cuidado, se llevó una mano al parche que le cubría el ojo derecho.
—Me lo gané en una pelea.
—Y... — la Feebas pareció dudar, tímida, pero su curiosidad le ganó— ¿Dolió mucho?
—Sí, un montón— contestó Ruby— pero no se compara con otras heridas que me han hecho. Aún tengo que sanar de la última.
—¿Dónde te hirieron?— continuó la pokemon.
El chico, en silencio, se llevó una mano al corazón. Ella, un tanto sorprendida, asintió. Ruby advirtió que ella quería preguntar más, pero él no estaba tan dispuesto a abrir esa herida, aunque tampoco quería entristecer tanto el ambiente. No era su estilo.
—Bueno, ya que vas a ser mi pokemon, supongo que deberías tener un nombre— mencionó más alegre.
Feebas lo miró con curiosidad.
—Me llamo Feebas— aseguró ella.
—Sí, ya sé, pero necesitaré una mejor forma de llamarte si quiero reconocerte de otros pokemon. Los nombres son más importantes de lo que te imaginas.
—Ah... bueno.
Ruby se cruzó de brazos, intentando pensar en qué nombre debería ponerle. Era fea, esa era su mayor característica ¿Pero qué más? Tenía el pelo azul... pero no, eso no serviría ¿Qué podía ser? Era fea, eso se notaba ¡No, maldición! A ver, sus ojeras estaban muy marcadas, lo que acentuaba su fealdad...
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Esclavos de Hoenn
Fiksi Penggemar*AU donde los pokemon tienen forma humanoide y pueden hablar. Al momento de mudarse, Ruby cree que los pokemon no deberían tener que hacer lo que sus amos humanos les dicen, así que decide cambiarlo. Esta es una versión alternativa de los eventos en...
