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Amanecer del Último Día

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Ruby y sus amigos atravesaron las rutas marítimas 130, 129 y 128 montados sobre Rayquaza, hasta llegar a una montaña que se elevaba imponente sobre el mar, como un titán durmiente.

En la cima, aquel ingente coloso presentaba un tranquilo valle verde, casi como un jardín. Más allá, hacia el norte, elevadas colinas y crueles paredes de roca impedían el paso, salvo por un agujero amenazador en medio, la entrada a la Calle Victoria.

Cerca de la cueva, a la derecha del camino, se encontraba un único centro pokemon, con su estilo blanco y rojo contrastando con el paisaje. Sin embargo, Pokemon Gijinka lo ignoró, dado que no necesitaban curar sus heridas en ese momento.

A medida que todos juntos se acercaban a la cueva, Ruby comenzó a repasar el plan por enésima vez en su mente.

[...]

Robin había trazado un esquema de ciudad Colosalia en la arena, para planear su ataque. En el dibujo se veía un pequeño valle, seguido de una cueva y luego de la cueva un enorme y largo pasillo, que llegaba al final a un castillo contemporáneo. El mapa entero tenía la forma de una elipse.

—¿Solo hay un camino?— inquirió Flannery, un tanto desilusionada.

—Steven es muy precavido— indicó Robin— No podemos llegar desde el aire sin que nos vean antes, ni intentar escalar las paredes, es imposible lograrlo y muy fácil que nos ataquen desde ahí.

—¿Y si aparecemos desde arriba de las montañas, con Rayquaza?— inquirió Ruby.

—¿Crees que no tendrán gente en las montañas para echarnos abajo? Si aparecemos desde el medio, nos rodearán con mucha facilidad, y entonces estaremos perdidos.

—Solo nos queda una opción— observó Zafiro.

Ruby suspiró, estresado.

—Tendremos que hacer el recorrido normal, atravesar la Calle Victoria y ciudad Colosalia entera. Muy bien, aun así es una buena posibilidad.

—Eso implica que tendremos que luchar contra todos ellos— observó Cops— y que Stone podrá vernos venir de lejos, si es que está ahí.

—Sí estará— aseguró Robin— Puede que Steven sea un misterio la mayoría de las veces, pero lo conozco lo suficiente para saber que estará ahí. No puede resistir la tentación de un reto en vivo, tampoco habrá olvidado que lo atacaron por la espalda, según me contaron ustedes.

[...]

Cuando llegaron a la entrada a la cueva, el grupo se dio la vuelta para despedirse de Rayquaza. Tal y como se habían imaginado, el señor del cielo era tan grande que no cabía por la entrada, y seguramente no cabría por algunos de los pasillos más estrechos de adentro.

—Aquí nos separamos— comentó él.

—Sí— contestó Ruby— Nos vemos cuando comience la lucha.

—Cuenten conmigo. Me esconderé entre los picos más elevados, y vigilaré la otra salida de esta senda. Tengan cuidado, mortales.

Con esas palabras, el enorme dragón verde se elevó, y se perdió entre las paredes rocosas que se alzaban hasta tocar el manto estrellado.

—Muy bien— Ruby encaró la cueva, manos en la cintura, listo para cualquier cosa— Aquí comienza nuestra última misión. Quien quiera retractarse...

—¡A la cargaaaaaaaaaa!— lo interrumpieron sus pokemon, quienes corrieron directo hacia la cueva.

—¡Oigan! ¡Espérenme!— alegó Ruby, echando a correr detrás de ellos.

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