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Mucha Más Rabia

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—Muy bien, creo que es hora de hacer un alto— anunció Ruby.

Sus pokemon se detuvieron. Se habían acostado tarde y levantado temprano para huir lo más pronto de ciudad Arborada. Todos estaban algo cansados, sobre todo por el constante viaje. No habían dormido dos noches seguidas en el mismo lugar desde su parada en ciudad Petalia.

—Almorzaremos aquí— ordenó Ruby.

—¡Siiiiiiiiii!— exclamaron los pokemon, excepto Smoky.

Este miró hacia ambos lados. Se encontraban en el camino de la ruta 120, a plena vista. Si almorzaban ahí, cualquier entrenador podría ir y atacarlos.

Supuso que debía alegar, sin embargo se quedó pensando un poco más. Ruby era perfectamente capaz de darse cuenta de esto él solo. Entonces, lógicamente, él había escogido un lugar de descanso tan a la vista porque quería que la gente lo viera. Aun así, no dejaba de ser peligroso.

—¿Por qué nos paramos aquí?— inquirió Smoky, finalmente.

—Porque estamos cansados— contestó Ruby.

Smoky suspiró. No era la respuesta que quería ¿Ruby le estaba ocultando algo?

—La gente nos encontrará— insistió.

—Sí, pero no le tengo miedo a la gente— Ruby sonrió— Es importante tomar un descanso. No seas tan severo contigo mismo.

Smoky se rascó la cabeza, un poco avergonzado de haber sobre pensado. Al final Ruby solo quería descansar porque estaba cansado. Por más que intentara, Smoky nunca lograba saber qué era exactamente lo que pasaba por la mente de su entrenador.

Se sentaron en un círculo junto al camino. El pasto debajo de sus traseros era blando, la brisa agradable, los árboles robustos y daban una sensación de protección. Ruby sacó la comida que había conseguido en la ciudad y la repartió entre sus amigos. Comieron con ganas, pues tenían hambre.

Después de terminar su almuerzo, mientras hablaban, Brainy comenzó a tararear una canción. No fue completamente intencional, simplemente le salió. Era una melodía simple y alegre, de notas agudas seguidas entre sí por un acelerado compás. No recordaba ni le interesaba de dónde había sacado la canción, en ese momento le brindaba alegría.

Pero entonces Fiercy, junto a ella, le pegó un codazo. Brainy se giró, consternada, pero al ver su cara furiosa comprendió que algo debió haber hecho mal.

—¿Qué?— le preguntó.

Esto pareció tomar por sorpresa a Fiercy, como si la causa de su enfado fuera obvia. Al ver que Brainy no comprendía, le señaló con la cabeza hacia Birdy. Este se encontraba mirando el suelo, como distraído.

En ese momento Brainy recordó dónde había oído esa canción, y se dio cuenta de la razón del enfado de Fiercy. Esa era la canción que solía cantarles Cloudy.

Brainy se llevó las manos a la boca, avergonzada. Aguardó un momento para ver la reacción de Birdy, preocupada. Se maldijo a sí misma por ser tan inconsciente ¿Por qué no podía haberse quedado la canción para ella misma? Sin embargo, para sorpresa de ambas, Birdy comenzó a tararear también, la misma melodía alegre.

Luego se detuvo, y las miró.

—Era una canción linda— comentó con tono neutral— me gustaría oírla de nuevo.

—¿Qué canción?— inquirió Beauty.

Brainy y Fiercy se miraron, incómodas. Birdy se giró hacia la Milotic para explicarle.

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