—Espíritu del desierto—
Jaws voló durante varias horas, hasta que llegó finalmente hasta el Desierto. Ahí descendió y aterrizó sobre la arena, en un día cálido y despejado. No se veía nada por ningún lado, solo arena y sol.
Suspiró un tanto desilusionado, al menos esperaba un grupo de cazadores pokemon que tendría que vencer, o un montón de pequeños pokemon acercándose a él para saludarlo, o quizás le llegaba la misma suerte que a Birdy, y por ahí encontraba a una Flygon hembra, incluso una Vibrava, pero ahí no había nada.
Se dio cuenta que no le agradaba estar solo, y en vez de molestarse, aceptó ese hecho. No le gustaba estar solo, tenía ganas de regresar con Ruby y sus amigos, y jugar con ellos, sin embargo no iba a abandonar esa misión.
Jaws recordó qué había ido a hacer en primer lugar al desierto, y eso le dio fuerzas para quedarse.
Se preparó para levantar vuelo y buscar pokemon en el área, pero entonces una sombra lo cubrió desde la espalda. Jaws se dio vuelta, y al hacerlo encontró una enorme torre de arena que antes no había estado ahí.
—¿Qué rayos... ¡No puede ser!
Se quedó mirando la torre, embobado, la misma torre que lo había visto nacer. Pronto recordó que la misteriosa construcción tendía a desvanecerse en el aire, y se preguntó cuánto tardaría en desaparecer, pero no lo hizo. El enorme pilar permanecía en su mismo sitio, como si lo esperara. Jaws tuvo sus dudas, pero al final decidió entrar.
Apenas dar unos pasos, la puerta se cerró detrás de sí. La temperatura adentro de la torre era mucho más baja, la luz era mucho menos intensa, por lo que al principio se halló casi ciego.
Aun así comenzó a caminar, distraído con el silencio. Subió un par de pisos y atravesó varios pasillos a paso lento. Podía oír ruidos de pisadas alrededor, entre las paredes, sobre el cielo de arena, pero no podía ver a quienes producían esos ruidos.
Hasta que de pronto se detuvo ante un pasillo de sospechosa estructura. Se agachó a examinar el suelo, e identificó casi al instante una de las muchas trampas de la torre. Pasó una mano sobre el suelo delante de sí, y al hacerlo, una gran área de este colapsó hacia el piso inferior.
Jaws sonrió con nostalgia. Cuántas veces había caído en una de esas trampas. Luego se puso de pie, impaciente.
—Pueden salir— les dijo a los pokemon que se escondían de él— Sé que muchos de ustedes no han visto nada como yo, pero no tienen nada que temer. Mi nombre es Jaws, y vengo de esta torre.
Esperó un poco para ver si con eso les quitaba el temor a aquellos pequeños pokemon, pero nada ocurrió. El silencio fue lo único que se anunció en la pausa que le siguió a sus palabras.
—Vine aquí para llevarlos a otro lugar— aclaró— o mejor dicho, llevar a quien quiera a ver qué hay más allá, a ver el mundo. Yo antes era como ustedes, bastante tonto, pero ahora conozco mucho, y eso es gracias a mis viajes y a mis amigos ¿Alguien quiere venir conmigo?
Jaws quería tomar pokemon como él para enseñarles y fortalecerlos, y crear un gimnasio de tierra en medio del desierto. En verdad lo quería, pues si lo hacía, se convertiría en un líder como su entrenador Ruby. También quería darles más oportunidades a los pokemon de la torre y del desierto, e integrarlos al resto de Hoenn para hacer sus vidas más entretenidas.
Esperó otro momento, ansioso, pero no hubo respuesta. Un poco desilusionado, se dio vuelta para regresar por donde había llegado, cuando vio una cabecita de color naranja asomarse por uno de los huecos de las paredes.
ESTÁS LEYENDO
Esclavos de Hoenn
Fanfiction*AU donde los pokemon tienen forma humanoide y pueden hablar. Al momento de mudarse, Ruby cree que los pokemon no deberían tener que hacer lo que sus amos humanos les dicen, así que decide cambiarlo. Esta es una versión alternativa de los eventos en...
