Ruby abrió la última puerta del gimnasio de ciudad Petalia. La mañana era silenciosa, húmeda y agradable. El sol se filtraba por las rendijas del otro lado de la habitación, tan tranquilamente como el agua que rebalsa de una tina. Norman se encontraba en su puesto de líder de gimnasio, sentado, meditando. Estaba erguido, con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
Ruby cerró la puerta y se sentó frente a su padre, también en silencio. El hombre no le agradaba, estaba nervioso por la pelea que acontecería pronto, pero aun así se sorprendió a sí mismo feliz de volverlo a ver ¿Acaso muy en el fondo sentía amor hacia él? ¿Acaso su falta de cariño era solo una etapa en una relación de padre e hijo? Pronto se sacudió esos pensamientos, pues cualquier duda podía resultar letal al enfrentarlo a él. Eran enemigos, lo vencería, y punto. Si era trágico, si había que llorar y sentirse un mal hijo, lo haría después de haber terminado su trabajo.
—Fue muy fácil llegar hasta aquí sin que me vieran— comentó Ruby.
—¿Crees que te habría permitido llegar hasta aquí de no quererlo?— le contestó Norman.
—¿Entonces debo suponer que querías hablar?
Norman ignoró esto último.
—Tu madre habría querido pedirte que reconsideraras lo que estás haciendo.
—Lo he hecho miles de veces, y sigo aquí, luchando contra gente como tú.
—Eres solo un niño. No te das cuenta de lo que estás haciendo.
—Estoy liberando a los pokemon, estoy demoliendo las bases de nuestra sociedad y reconstruyéndola como a mí me parece mejor.
—Estás destruyendo tu futuro. En un par de años te arrepentirás de lo que estás haciendo.
Ruby inclinó su cabeza un poco, lo cual ensombreció su mirada.
—Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión ¿Por qué no simplemente me das tu certificado? Si lo haces, prometo no volver a pisar esta ciudad.
Norman apretó los dientes, molesto.
—Creo que no entiendes lo que te estoy diciendo— se puso de pie, lentamente, y se cruzó de brazos— Deja de jugar al fugitivo y regresa conmigo ¡Es una orden!
Las palabras de Norman cargaban tanta fuerza que hicieron crujir la madera de las paredes a su alrededor. Cualquiera hubiese requerido un valor tremendo para mantenerle la mirada, sin embargo para Ruby ya era costumbre. Al contrario que su padre, él no se movió de su sitio.
—¿Acaso sabes por qué de repente me lancé a liberar pokemon?— le preguntó.
—No me importan tus excusas. No dejaré que ningún hijo mío haga el ridíc...
—Por mamá— lo cortó Ruby.
Norman se calló por un momento
—No, no lo hiciste por ella. Lo hiciste por ti mismo, por tu deseo egoísta de llamar la atención, porque te sientes inseguro de enfrentar la realidad sin el apoyo de tu madre. Por eso la sigues usando, aún después de su muerte.
Ruby enfureció al escuchar esto, mas no explotó, se limitó a arrugar su cara y apretar los dientes.
—Aunque lo que digas sea verdad ¿Qué quieres que haga? ¿Entregarme? No, ya he llegado muy lejos como para hacer eso— se puso de pie, lentamente, y se cruzó de brazos para mostrar que no cambiaría su opinión— Aunque sea un deseo egoísta, aunque no parezca más que una rabieta de un niño, mi madre me enseñó a pensar, a analizar todo por todos los ángulos que tuviera, a desconfiar de las aseveraciones sin respaldo y a luchar por mi felicidad. He mirado ambas caras de esta sociedad, y la he declarado podrida. No voy a vivir en un país donde los pokemon y las personas no se consideren iguales. Ese es el legado de mamá ¡No lo ignores!
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Esclavos de Hoenn
Fiksi Penggemar*AU donde los pokemon tienen forma humanoide y pueden hablar. Al momento de mudarse, Ruby cree que los pokemon no deberían tener que hacer lo que sus amos humanos les dicen, así que decide cambiarlo. Esta es una versión alternativa de los eventos en...
