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Los Sentimientos de Lovely

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Podía ver todo desde adentro de la pokebola, pero ni con toda su fuerza podía salir. Sunny esperó con impotencia su muerte mientras Wallace le hablaba a las cámaras, y cuando este cerró el cofre y lo arrojó al mar, supo que no tenía salida. Todo estaba oscuro, así que los únicos indicios que tuvo de que se hundía eran el sonido de las burbujas de aire escapando y la presión en el espacio a su alrededor.

—Así que hasta aquí llega mi sueño— se dijo, un poco triste.

La idea de morir no le importaba mucho, era más el no haber acabado con todo lo que planeaba lograr en su vida. Le dejaba un gusto amargo en la boca. Pensando en eso, lo invadió un profundo sueño.

[...]

Una mano acariciaba su cabeza.

Estaba acostado. La armonía del silencio inundaba sus oídos.

De pronto, una ligera brisa refrescó la oreja que tenía descubierta. Le agradaba. No se quería ir de ahí.

Había luz. Tenía los párpados cerrados, pero podía ver que había bastante luz.

Ah, claro. Creo que me morí— pensó.

Pero entonces el sonido de risas llegó hasta sus oídos ¿Risas? ¿Había más gente en el otro mundo?

Sunny decidió abrir los ojos, lentamente, pues necesitaba acostumbrarse a la luminosidad. Desde donde estaba advirtió a un Swampert, un Blaziken y una Mightyena jugando a revolcarse sobre el pasto. Muy pronto advirtió un árbol junto a ellos, y una cerca para delimitar el terreno, y el cielo, y el banco sobre el cual estaba acostado.

Entonces se le ocurrió mirar hacia arriba, y se dio cuenta que el pokemon que lo acariciaba era Latias. Esta le sonrió de forma apacible, como si lo invitara a seguir durmiendo, pero él estaba confundido.

—¿Dónde estoy?— preguntó.

—A salvo, en una casa.

Sunny se sentó, aún medio dormido. Comprendió que no había muerto, y al mismo tiempo reconoció a la Mightyena y al Blaziken que jugaban con el Swampert a escasos metros de él. Miró a otro lado, y se encontró con los tres Regis, sentados en un círculo, tan estáticos como la misma eternidad. Luego miró al otro lado, y advirtió a Latios conversando de lo más tranquilo con un Swellow y una Gardevoir. También reconoció a estos últimos.

—¿Pero qué...— exclamó— ¿Qué hacen ellos...

—Ellos también se están quedando aquí— le explicó Latias— Somos varios, en verdad. Algunos de nosotros tendremos que dormir en pokebolas.

Sunny se puso de pie, exaltado.

—¿Qué pasó?— preguntó, ligeramente alterado. Para que todos esos pokemon estuvieran ahí, tendría que haber ocurrido algo muy extraño.

Miró a Latias, y esta le indicó que se volviera a sentar. Así él lo hizo, y ella comenzó su explicación. Le dijo toda la verdad, de cómo había decidido ir a pedir ayuda a Ruby, cómo este había elaborado aquel plan para rescatarlo, y cómo había arriesgado su vida para salvar la suya.

—¡¿Qué?! ¡Eso es ridículo!— exclamó él.

—Pero fue lo que hizo— insistió Latias— Lo hubieras visto. Se veía muy preocupado por ti.

Sunny apretó los dientes, furioso.

—¡¿Cómo puede ser tan tonto?! ¡Después de todo el tiempo que he pasado persiguiéndolo...! ¡Maldito!— pero entonces Sunny comprendió que algo no cuadraba del todo con lo que Latias le había dicho— Un momento ¿Por qué necesitaste su ayuda? Tú pudiste haber ido a rescatarme sola. Solo tenías que tomar el cofre y sacarme de ahí.

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