Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

Duelo

38 9 0
                                        


Su celda era bastante amplia. Era oscura, justo como le gustaba a él. Tenía una cama cómoda, un baño propio, una repisa con juegos para mantener el cerebro ocupado y hasta su propio Nintendo Gamecube conectado a un televisor. Parecía haber transcurrido una eternidad desde la última vez que tomó el control en sus manos.

Con cuidado, se llevó una mano al ojo derecho. Lo habían operado, pero no lograron salvarle la vista. Al final le dieron varios parches para que eligiera el que más le gustaba.

Desde aquel incidente habían pasado unos cuantos días. Ruby había llorado, en su alma se desató una tormenta de pena y rabia, pero como toda otra tormenta, terminó disipándose. Sabía que la muerte era una parte de la vida, y que no había más que aceptarla. Esa era la verdad, y él no tenía el poder de cambiarla.

Más le preocupaban aquellos quienes sí podrían estar vivos. No sabía qué había sido del resto de sus pokemon, y eso le molestaba. Había visto a Cloudy morir, lo había confirmado ¿Y los demás qué? ¿Habían escapado? ¿Habían sido capturados por los policías? ¿Habrían usado la ruta de escape? No, probablemente no ¿Cómo podrían haberla usado, si todos ellos se encontraban agotados? Ruby no quería admitirlo, pero lo más probable era que corrieran la misma suerte que Cloudy.

En esa celda no podía hacer gran cosa, solo esperar e intentar entretener su mente para no pensar en aquello. Le molestaba su estado de impotencia e ignorancia, le molestaba que su padre hubiera ganado, que su cruzada hubiera terminado tan pronto.

De repente, el ruido de una puerta abriéndose a lo lejos lo alertó. Oyó pasos acercándose hacia él. Pronto su mismo padre apareció frente a su celda de vidrio reforzado, abrió la puerta y entró sin problemas. Adentro, se tomó un segundo para examinar su entorno. Advirtió varias grietas en las paredes de vidrio, las patas de la cama estaban rotas, la silla del escritorio se veía quebradiza y astillada.

Luego miró a su hijo, el cual parecía estar muy ocupado navegando en un bote rojo en el juego de su Gamecube para prestarle atención. Norman se aclaró la garganta, con lo que su hijo finalmente cedió, y sin voltearse a mirarlo, apretó Start para dejarlo hablar.

—Te traje un regalo a cambio de la Altaria que maté.

Se metió una mano al bolsillo de su chaqueta, y de ahí extrajo una Malla Ball. Ruby se fijó extrañado en ella, y después levantó la mirada hacia su padre. Él, sin más miramientos, le arrojó la cápsula, que su hijo atrapó al vuelo.

—Es un pokemon muy difícil de atrapar. Cuídalo. Te hará compañía en el Instituto Correccional.

—¿Instituto correccional?— repitió Ruby, consternado.

Pero Norman ya había dado media vuelta y se encaminaba hacia la salida.

—Te vas el Lunes— dijo antes de cerrar la puerta.

Ruby bajó la mirada, y posó su único ojo sobre la Malla Ball. No era transparente como las pokebolas normales, por lo que sacó al pokemon dentro de ella para poder verlo.

Frente a él surgió una muchacha delgada, de apariencia enfermiza. Su piel era oscura y tenía muchos lunares con formas poligonales. Sus ojos grandes y ojerosos, sus labios gruesos, y su cabello de un triste azul. Ruby no pretendía ser superficial, pero en ese momento no pudo hacer más que sorprenderse de lo horrenda que era aquella pokemon.

Esta, por su parte, se vio desnuda frente a él, aunque no pareció importarle mucho. Amedrentada, retrocedió lentamente hasta apoyar su espalda contra la pared, y ahí se encogió, sin quitar al muchacho de su mirada.

Entonces este se dio cuenta del miedo del pokemon, e inmediatamente buscó con la mirada por la habitación. En dos segundos agarró el cubrecama revuelto y se lo arrojó a la muchacha, quien lo aceptó sin protestar.

Esclavos de HoennHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora