Dos días después de vencer a Steven, Ruby se encontró revisando papeles importantes sobre derechos especiales que tenía como el campeón y deberes que debía cumplir. Tenía que generarlos y mandarlos a distintas organizaciones en todo Hoenn para que lo reconocieran. Claro que la mayoría se mostraría en contra, pero para eso era el más fuerte de la región y quien lideraba la fuerza militar más grande en las cercanías.
Sin embargo, pronto se dio cuenta que le faltaba algo importante: Su cédula de identidad. Al parecer, debías ser alguien para convertirte en el monarca de Hoenn.
Por supuesto que la había dejado en casa el día en que se marchó a vivir una vida de crimen, no iba a llevarla por ahí, con la posibilidad de que lo arrestaran y lo identificaran así de fácil.
Sin pensarlo dos veces, les avisó a sus pokemon que se prepararan, y también a los demás líderes del ejército que se ausentaría por un momento. Lanette, Aquiles y Magno le ofrecieron enviar a alguno de sus subordinados para tomar la tarjeta, pero Ruby se rehusó.
—Quiero ver cómo está Hoenn— argumentó, aunque en verdad solo quería relajarse un tiempo junto a sus pokemon.
Sin embargo apenas salir del castillo, se encontró con Zafiro, quien no parecía querer dejarlo solo.
—¿A dónde vas?— le preguntó con un deje de irritación.
—Tengo que ir a buscar mi carnet— explicó Ruby— Es para unos timbres...
—¿Y vas a ir solo?— alegó la muchacha.
Ruby sonrió con sátira y le mostró sus pokebolas a la muchacha. Esta desvió la mirada, un tanto avergonzada.
—Ya, sí sé que llevas a los demás. Me refería a que igual voy contigo.
—No iré directo a mi casa. Pensaba disfrutar del camino ¿Sabes?
—Me parece bien— aceptó ella— También tengo algunas cosas que quiero recoger de mi casa ¿Cuándo piensas partir?
—Ahora.
Sin decir más, ambos tomaron un bote desde la zona baja de la isla. Cruzaron el mar hacia ciudad Calagua, donde se disfrazaron para pasar desapercibidos y compraron unas bicicletas de carreras.
El resto del viaje fue silencioso, simplemente pedaleando por los caminos blandos y llenos de vegetación. De cuando en cuando se detuvieron para comer y descansar, junto a sus pokemon. El cielo cambiaba de colores, el viento soplaba, la hierba se movía y sus bicicletas pasaban como gráciles plumas.
Luego de unos cuantos días de viaje, llegaron a Villa Raíz, el comienzo de su aventura. Ruby estacionó su bicicleta junto a su casa, rompió una ventana para entrar, buscó por todos lados y encontró su cédula de identidad. Zafiro nunca se había deshecho de su llave, por lo que abrió tranquilamente la puerta de su casa y entró sin problemas.
Ruby salió primero de su casa. Advirtió que Zafiro no había salido de la suya y quiso esperarla, pero entonces Brainy le tocó el hombro y le apuntó hacia el norte, a la salida de la villa.
—¿Qué ocurre?— inquirió el chiquillo.
—Problemas.
Toda la pandilla se encaminó hacia el comienzo del camino, y al acercarse, Ruby les pidió a sus pokemon que se metieran en sus pokebolas para no ser vistos.
Pronto el muchacho reconoció el lugar: la ruta 101 era donde había conocido al profesor Birch. No tardó mucho en oír sonidos extraños, quejidos, gritos ahogados e impactos secos. Entonces se asomó desde un arbusto, y advirtió que un hombre y un pokemon luchaban desesperadamente. Ambos estaban heridos en varias zonas, y el pokemon, un joven Zigzagoon, se encontraba sobre el hombre con una clara ventaja. Mordía su brazo con ira, mientras que su víctima pedía ayuda.
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Esclavos de Hoenn
Fanfiction*AU donde los pokemon tienen forma humanoide y pueden hablar. Al momento de mudarse, Ruby cree que los pokemon no deberían tener que hacer lo que sus amos humanos les dicen, así que decide cambiarlo. Esta es una versión alternativa de los eventos en...
