Su plan era sencillo.
Casi de perfecta ejecución.
Sólo tenía que acercarse a la mesa cubierta por una tela dorada y coger las galletitas saladas que tenían tan buena pinta. Pero, había un problema: la mesa estaba pegada a las ventanas. Eran unos enormes ventanales que mostraban la oscuridad de la ciudad de Busan. Juraría que, si se acercaba lo suficiente, vería el mar a lo lejos y quizá con suerte algún barco perezoso.
Un mareo le atacó de repente. La sola idea de pensar que no estaba al nivel del suelo le hizo empezar a sudar. Le provocó tal espanto que notó cómo sus manos empezaron a temblar y tuvo que mirar al suelo porque su visión se cubrió por pequeños puntitos negros. Le faltaba el aire. Su pasado estaba regresando. Y él tenía que irse de allí. Salir de ese edificio. Tenía que salir o si no…
—¡Estás aquí!—escuchó de repente. Después unos pasos se acercaron corriendo hasta él y sintió un pequeño cuerpo abrazando su pierna derecha. Había sido suerte que no se hubiese apoyado en la otra. Probablemente se habría caído o habría perdido el equilibrio.
Volvió a la realidad y observó el cabello marrón oscuro y la sonrisa deslumbrante de conejo. La pequeña llevaba una diadema dorada (a juego con lo que parecía ser el estilo de la gala) y un precioso vestido blanco que brillaba. Además, habían alisado su largo cabello y le habían aplicado un poquito de color a sus labios. Estaba adorable y TaeHyung sonrió sin darse cuenta.
—¡Hacía mucho tiempo que no nos veíamos! —gritó aún encaramada a su pierna. TaeHyung se rió ligeramente y la intentó apartar de su cuerpo. En el acto la niña aprovechó para agarrar su mano y no soltarle. TaeHyung intentó apartarse pero la niña se mantuvo fuerte y persistente en su agarre. Al final TaeHyung desistió.
—Mi padre no me dijo que fueras a venir. —comenzó la niña.
—¿Dónde está tu padre?
—Se ha quedado hablando con unos hombres que daban miedo. ¡Nadie es tan guapo como tú, TaeHyung! —el mencionado asintió sin creerla. Nunca había considerado que los niños mintiesen, pero sí que vivían en su mundo. Y NaYeon vivía en un mundo en el que él era un príncipe perfecto que la esperaría hasta que creciese para casarse con ella. «Como si alguien quisiera siquiera acercarse a mí...» pensó a su pesar. No era nuevo que estuviese siempre apartado de todos. Por eso a veces se llevaba mejor con los niños. Tanto él como ellos vivían en una realidad no entendida por el resto del mundo.
—Mi mamá ha sido muy buena hoy. Me ha peinado y me ha comprado este vestido tan bonito. ¿A qué es bonito?
—Me gusta el color. —dijo sinceramente.
—¡El color me encanta a mí también! —TaeHyung sonrió y ella empezó a dar pequeños saltos mientras buscaban a su padre. TaeHyung estaba casi seguro de que la pequeña granuja se había escapado cuando el hombre no miraba. Aunque tampoco descartaba que él estuviese más despistado de lo habitual.
Mientras andaban se encontraron con JungKook, quien estaba muy concentrado observando su móvil. Cuando sus ojos se fijaron en él y le hubo hecho una inspección de arriba a abajo, no dudó en acercarse para averiguar qué estaba pasando.
—TaeHyung. —dijo con voz calmada. La niña le observó con el ceño fruncido.
—¿Quién eres? —preguntó sin más mientras agarraba con más fuerza su mano.
—Y tú, ¿Quién eres tú? —JungKook se mantuvo quieto y se cruzó de brazos. Aquella imagen no pareció gustarle a NaYeon.
—¡Soy la prometida de Kim TaeHyung!—los ojos de JungKook se abrieron de la sorpresa y del grito. Ante aquello, de entre un grupo de personas, apareció su padre. El policía rechoncho que habían visto hacía unos días. TaeHyung suspiró agradeciendo en silencio a JungKook. Apresuradamente, el hombre apartó a NaYeon del lado de TaeHyung y la pegó a su cuerpo.
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Inspector Kim
Mistério / SuspenseEl Oficial Jeon tiene al Comisario en la palma de su mano, pero éste le pone un último desafío antes de poder alcanzar su sueño: si consigue resolver el caso que el Inspector Kim está llevando, su sueño (y su ansiado puesto) se hará realidad. Todo...
