| Es difícil dejar el odio y el rencor de lado cuando tus mejores amigos se van olvidándose por completo de ti, y peor aún, descubres que la persona quien creías que era el amor de tu vida ahora se encuentra en brazos de un Rey |.
Esta historia se c...
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Completamente cegado por la furia el hijo de Shan Yu se dirigió hacia la Mansión Smith, tal y como le habÃa dicho el vendedor de la tienda se encontraban cientos de guardias alrededor.
Simplemente se dirigió hasta las catacumbas, abrió las puertas y caminó por los oscuros pasadizos que habÃa por debajo de la Mansión hasta subir una escalera de piedra que lo llevó hasta la cima.
Al estar oficialmente dentro pudo ocultrase fácilmente por la oscuridad que habÃa, luces de colores parpadeaban y la música se encontraba en máximo volumen al igual que mujeres se paseaban por la casa riendo totalmente fuera de sÃ.
Siguió el humo y las voces hasta llegar a una habitación, se ocultó en las sombras para luego comenzar la diversión.
Miraba al rubio soldado con desprecio únicamente pudiendo imaginar a una persona, reÃa, fumaba y consumÃa otras sustancias sentado en un sofá rodeado de mujeres en ropa interior o incluso disfrazadas.
Hizo que las luces comenzaran a estallar y por ende los gritos de aquellas mujeres inundaron el cuarto mientras corrÃan hacia la salida.
Sus guardias intentaron entrar pero cada puerta fue cerrada y posteriormente bloqueada por los poderes de Yan, se acercó molesto siendo sus ojos lo único que resaltaban en la habitación.
El soldado John Smith intentaba ir por su espada pero tropezaba constantemente por todo lo que habÃa estado tomando hasta el momento.
Ian: —Fingiste tu muerte y te mantuviste oculto mientras Pocahontas sufrÃa por tÃ, ni siquiera le escribiste para que supiera que estabas bien…—.
John Smith: —¡¡NO TE ATREVAS A DECIR SU NOMBRE!!—.
Tomó su espada y la giró hacia su atacante levantándose del suelo, pero aquel movimiento fue en vano siendo que con tan sólo darle un empujón volvió a caer directo al suelo.
Ian: —Dejaste que un idiota con poder se la llevara y justo enfrente de tÃ, la amabas y la dejaste ir…—.
El dueño de La Mansión se dió la vuelta sollozando.
John Smith: —Jamás lo entenderÃas…—.
Ian: —Entiendo que John Rolfe fue mucho mejor que tú, por esa misma razón Pocahontas lo escogió, tenÃas una mujer fuerte frente a tÃ, una lÃder…y fuiste un cobarde por no luchar por ella—.
John Smith trató de tomar lo que tenÃa a su alcance para arrojarlo, pero el hijo de Shan Yu no toleraba que siguiera respirando un segundo más.
Completamente molesto tomó la propia espada del soldado y la clavó directo en su pierna la cuál logró llegar hasta el suelo para que no se moviera.
Su grito de dolor alertó a todos los guardias los cuales golpeaban inútilmente las puertas.