Como era usual, Verónica mantenía su atención puesta sobre la pantalla de su celular, esperando sentada desde la orilla de su cama. Pero en el momento que la puerta del cuarto de baño que se encontraba frente a ella se abrió, soltó el aparato por detrás de sí, y se dedico a observar a la hermosa chica que se presentó al salir.
Con una bata blanca afelpada, que Vero le había indicado que podía utilizar, sus pies descalzos y su cabello pelinegro suelto, Ana dio un paso fuera del cuarto de baño, tomando con timidez el extremo en el que se unía al frente la bata.
Verónica puso sus brazos tras su espalda, con la palma de sus manos posada sobre el colchón, y trayendo un poco su cuerpo para apoyarse sobre dicha extremidades. Alzó su mentón y miró a los ojos a la menor.
Ana le sonrió y desplazó su mano hacia el pequeño nudo que había hecho al frente para sostener la bata cerrada, empezando a deshacerse de él, tomándose su tiempo.
Mientras intentaba no despegar la mirada de su mayor, tomo un extremo de la bata entre sus temblorosos dedos y empezó a separarla del otro, hasta conseguir sostener ambos lados entre ambas manos.
Vero asintió una vez, sin dejar del lado su lascividad y mirada penetrante, provocando que la pelinegra se sintiera más nerviosa, pero también confiada.
Ana aparto las capas de tela que la cubrían y finalmente dejó ver su cuerpo ser adornado por la hermosa prenda que habían comprado horas antes.
La mayor apretó su mano contra la cama en un impulso por mantenerse serena ante lo que estaba viendo. Se sentó de nuevo sobre el colchón mientras examinaba completamente a la menor, haciendo que esta se estremeciera por la mirada tan intensa que le estaba brindando.
Su cuerpo se veía simplemente perfecto, todo de él. Su torso cubierto con la tela de encaje rojo que no dejaba mucho a la imaginación, ciñendose a su figura como si hubiese sido confeccionado solamente para ella. La manera en que resaltaba sus curvas era ideal, tanto las partes que se encontraban expuestas como las que no. Todo estaba más que bien para Vero.
De manera lenta y sutil, Vero separó sus piernas, creando un ángulo perfecto entre ellas, para así reclinarse y tomar la mano tímida y expectante, pero con una sonrisa ladina, lo cual hizo saber a Vero que ella también quería esto.
Pronto, tomo su cintura con ambas manos y acercó sus labios a donde se encontraba su abdomen, empezando a dejar cortos besos a medida que subía por el, provocando cosquillas en el vientre de la menor y haciéndola soltar pequeñas risas nerviosas.
Cuando llego a la parte baja de sus pechos, con las manos aún tomando firme su cintura, empujó su cuerpo para acercarlo más a sus labios. Beso delicadamente la figura redonda que se formaba debajo, y aun con la tela cubriendo la zona, amó la sensación que le provocaba estar tan cerca.
Para continuar con su labor, tuvo que levantarse de la cama, para así poder llegar más arriba de dodne estaba dejando dichosos besos. No aparto a la menor del medio de sus piernas, la mantuvo ahí al igual que las manos en su cintura. Continuó besando por arriba de sus pechos, rozando la línea entre el encaje y su suave piel, siendo capaz de escuchar los latidos acelerados de su corazón.
-¿Estás bien?-decidió preguntar mientras se apartaba por unos segundos.
-Si.-respondió segura.
Vero sonrio y continuó dejando suaves besos sobre su pecho, subiéndolo poco a poco por el costado de su cuello, para así verse obligada a terminar su trayecto después de llegar hasta su oreja, en donde dejó reposar unos cuantos segundos la suave respiración que emanaba de sus fosas nasales.
-Bien, entonces vamos a divertirnos un poco, ¿te parece, cariño?-dijo con voz ronca y baja justamente sobre su oído.
El cuerpo entero de Ana vibró en un fuerte escalofrío al escuchar a su Maestra, su piel se erizo e intuitivamente posó sus manos sobre cada hombro de Vero, asintiendo en respuesta a su pregunta.
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Holi, como estas? Espero que estén bien, se que es pequeño. Pero no me maten, perdón por no actualizar seguido 🥴
